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martes, 6 de marzo de 2018

GUERRA CIVIL EN LA CASA BLANCA



Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar” Trump dixit. En una serie de tweets en la mañana del viernes, el presidente norteamericano abrió definitivamente uno de los frentes más importantes de su mandato. El anuncio de imposición de tarifas a la importación de acero (25%) y de aluminio (10%), nos retrotrae a 2002 cuando Bush anunció la imposición de tarifas a la importación de acero -entre el 8% y el 30%- de las que exceptuó a México y Canadá. Entonces, a pesar de que la OMC la declaró ilegal y amenazó con fuertes sanciones, las tarifas se mantuvieron durante 22 meses y solo fueron retiradas cuando la UE amenazó con imponer tarifas a importaciones claves en Estados donde el presidente podía ver amenazado su respaldo electoral. En esta ocasión, no hay -al menos inicialmente- países exentos, y dado el menosprecio que la Administración muestra por las instituciones multilaterales, las amenazas de la OMC caerán en saco roto, de modo que con toda probabilidad entraremos en una escalada de que afectará al comercio mundial. La respuesta más inmediata y dura procede de la UE y en boca del Presidente de la Comisión, puede tener por objeto inicial productos como motocicletas, bebidas destiladas y pantalones vaqueros, pero ya se prepara una lista de más de 100 productos que podrían ser objeto de tarifas a los 90 días de cualquier acción formal norteamericana. Mientras Canadá -la más afectada- se ha limitado a calificar el anuncio como inaceptable, aun no hay respuesta de la poco afectada China. Cabe que la forma repentina en la que ha estallado el conflicto, haga que sus astutos dirigentes esperen a que los norteamericanos se cuezan un poco en su propia salsa antes de dar una respuesta.

Y es que el estallido del presidente se produce en medio de lo que las crónicas refieren como una guerra civil en la Casa Blanca, donde tanto los líderes de su Consejo Económico como de Seguridad han mostrado su desacuerdo, que es mucho más manifiesto por parte de su Secretario de Defensa que se ha opuesto públicamente, pidiendo que cualquier imposición de tarifas excluya a países de la OTAN como Canadá o Alemania o aliados sensibles como Japón o Corea.  Cuando la guerra civil enfrenta abiertamente al Presidente con los líderes de su Consejo Económico y de Seguridad, es quizá más sabio esperar. El equilibrio inestable que se mantenía en la Administración saltaba por los aires tras la salida el mes pasado del secretario del gabinete del presidente, y este anuncio vía Twitter es la manifestación más importante de lo convulso que está resultando el mandato de Trump. Este aparente comportamiento irresponsable, no es tomado a la ligera por los mercados, que saben que los anuncios del presidente no dejan de tener una clara intencionalidad económica producto de una forma mercantilista de entender las relaciones económicas internacionales.  Como ya ocurrió en 2002, los mercados han respondido con recortes y el dólar que pretendía sacar cabeza con la excusa del relevo en la FED, vuelve a retroceder. Es solo el principio, de modo que, como los chinos, vamos a esperar, pero el anuncio abre un periodo donde todos los agentes del mercado van a revisar sus expectativas. Lo más evidente es serán revisadas al alza las de inflación, con ello las de tipos de interés, en un efecto dominó de consecuencias aventuradas, en las que el dólar no suele salir bien parado. Al fin y al cabo, la guerra en el Siglo XXI es económica, y el presidente norteamericano acaba de declararla.

lunes, 22 de enero de 2018

LA CALAMIDAD


Si nos quedamos en lo que ofrece la estadística en cuanto a la evolución de la economía mundial en general y la norteamericana en particular, nadie diría que hace un año que la primera potencia mundial está liderada por un presidente al que muchos consideramos una calamidad. No ha habido recompensa para los pesimistas y atendiendo a lo visto, tendrán buen cuidado de no repetir el error en 2018. La economía norteamericana acabará 2017 con un crecimiento del 2.3% frente al 1.5% de 2016, con una tasa de desempleo del 4.1% (estaba en el 4.8% hace un año), los salarios creciendo a un ritmo superior al 2.5%, la confianza de los consumidores al alza, los mercados de renta variable en máximos históricos, sin signos de una guerra comercial a la vuelta de la esquina y con una política fiscal expansiva, que aunque con un recorte de impuestos menor del que se anunció, -pretendía un Impuesto de Sociedades al 15% y se quedó en el 21%- todavía tiene que surtir sus efectos. Al menos el primer año de “la calamidad” se supera mucho mejor de lo que se esperaba y sobre todo con escasa agitación en el frente económico. Por fortuna, sus peores propuestas, particularmente las referidas a la restricción del comercio, no han sido aplicadas todavía, y ni el acuerdo de libre comercio con México y Canadá ha sido liquidado, ni las sanciones a China ni los aranceles con los que amenazaba a productos chinos y mejicanos han sido impuestos.

Esto no quiere decir que en otros aspectos sus decisiones sean inocuas y basta recordar el portazo al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), o su anuncio de retirada de Acuerdo de París sobre el cambio climático, o las decisiones tomadas en el campo de la inmigración que preludian una regulación muy restrictiva. Todas ellas son decisiones que afectan a la estructura económica a medio plazo y limitan el crecimiento potencial, reduciendo por lo tanto la capacidad de generar recursos siquiera para atender la ingente deuda generada durante los años de la crisis.

Podría argumentarse que la fuerte depreciación del dólar del último año es víctima de estos aspectos estructurales, pero ¿cómo relacionarlo entonces con el hecho de que el mayor índice bursátil norteamericano, el S&P 500, haya alcanzado estos días su mayor periodo continuado desde 1929 sin registrar siquiera una corrección del 5%?; exactamente 395 días, casi los mismos que hace que supimos quién llegaba a la Casa Blanca. Difícil argumentar algo así, salvo que queramos considerar que los mercados de divisas estén habitados por seres excepcionalmente visionarios. Posiblemente los argumentos para la debilidad del dólar radiquen precisamente en valoraciones comparables de activos que, en un mercado inundado de dinero barato, veía como los norteamericanos se volvían particularmente caros en relación a los europeos, y atraídos por un inesperado y positivo resultado frente a los pesimistas augurios que pronosticaban las encuestas de las elecciones celebradas en diversos países europeos en 2017, decidieron que ya bastaba con asumir el cambio de ciclo en el mercado de bonos norteamericano y que podían estar más a salvo si en lugar de liquidar bonos americanos y comprar bolsa americana, aprovechaban la debilidad del euro para comprar la –solo un poco- más barata bolsa europea.  La larga ausencia de correcciones, también en el mercado de divisas, no es algo que dure siempre. Y menos cuando quién está por medio es alguien tan complejo como “la calamidad”.  Veremos.       


lunes, 15 de mayo de 2017

DEMASIADA CALMA PARA TANTAS INCÓGNITAS


Ya pueden incomodar lo que quieran los euroescépticos al Presidente del BCE en sus visitas parlamentarias por la eurozona, que más allá de mostrarse visiblemente molesto por las preguntas de los sectores más críticos con las políticas de expansión monetaria, no duda en responder con firmeza cuando es interrogado acerca de la posibilidad de que un país abandone la eurozona: “El euro es irrevocable. Ese es el Tratado y no voy a especular sobre algo que no tiene fundamento”.  Ocurrió estos días en lo que resultó ser una incómoda visita de dos horas al Parlamento holandés, donde hubo de defenderse de acusaciones de poca trasparencia, de poner en peligro el dinero de los ahorradores, o de romper los Tratados de la EU con sus políticas de estímulo. 

La vida no aparenta tan agitada para el Gobernador del Banco de Inglaterra, al que nadie pregunta por la supervivencia de la libra, pero que se ha visto obligado a reconocer el excesivo optimismo de sus previsiones de crecimiento en lo que va de año, aunque para demostrar que confía, manifiesta su creencia en que un Brexit suave permitirá subir los tipos de interés en los próximos tres años.  No se hace un gran favor con tal afirmación, porque de cómo será el Brexit tiene la misma idea que la actual Primer Ministro, es decir, ninguna. A pesar de eso, la libra apenas se inmuta. En Japón, su banco central no ve llegado el momento en el que sus políticas funcionen, sin que eso ensombrezca el papel de divisa refugio que en tiempos de tormenta representa el yen, mientras que en China, intentan a través de incrementar gradualmente los tipos de interés, dificultar el acceso a la financiación y contener el riesgo del posible estallido de burbujas. Lo de EE.UU. es más conocido. Inmerso en las primeras fases del proceso de normalización de su política monetaria, no es posible saber a estas alturas hasta donde llegará su política arancelaria, su política fiscal, o su política exterior. 

Pues bien, a pesar de que el euro pueda estar en cuestión, de que los británicos no saben adónde les llevará el Brexit, de que los japoneses no den con la forma de salir de una situación de estancamiento crónica en la que llevan lo que parece un tiempo inmemorial, de que en China traten de desinflar una burbuja de crédito que ha servido para mantener un ritmo de crecimiento que solo es explicable en un régimen de partido único, y de que en EE.UU. esté al mando alguien que confía en que el proteccionismo será el que devuelva los puestos de trabajo perdidos a consecuencia del progreso tecnológico, en los mercados financieros, la complacencia es tal que aquellos índices que habrían de advertirnos de los peligros de la inconsistencia y de los riegos de la complacencia, se encuentran en sus valores mínimos de 23 años si tomamos como referencia el llamado índice del miedo –el VIX-y en mínimos de cinco años si nos atenemos a la volatilidad de los mercados de divisas. 


¿Continuará esta complacencia? Los mercados confían en que los estímulos fiscales en EE.UU. y los monetarios en Japón, Europa y China continúen dando soporte a la situación actual, pero llegará el momento en el que esta actitud de esperar y ver concluirá,  y las tensiones propias de la dificultad de acompasar el ajuste que precisa cada una de estas áreas provoque un incremento de la volatilidad. ¿Necesitará EE.UU. acelerar su alza de tipos? ¿Llevará a cabo Europa las reformas estructurales que el BCE demanda? ¿Conseguirá China desinflar su burbuja de crédito? ¿Pondrá Japón fin a su política monetaria expansiva? Demasiadas incógnitas para dar por buena la actual complacencia.  

jueves, 25 de julio de 2013

MIENTRAS EUROPA DUERME


Si hay una institución que ha perdido mucha de su supuesta importancia es el G20, al que llegó a hacerse referencia en la fase inicial de la crisis como una especie de gobierno mundial. La reunión de hace unos días en Rusia, no ocupó ni de lejos el espacio que se dedicó a las cumbres que se suponían dirigidas a salvar al mundo, y sin embargo algunos de los movimientos que pueden estar teniendo lugar ahora puedan de algún modo tener que ver con lo que se trató en el G20. 

Una reunión en ese formato está bastante cerca de ser inútil, pero aunque su utilidad difícilmente puede compararse con la de otros foros más reducidos, al menos puede  servir como caja de resonancia de tendencias que los países más importantes imprimen a sus políticas económicas. Resulta que apenas unos días después de celebrado el G20 en el que hablaba de apostar por el crecimiento, dos de las principales economías del mundo hablan de cambios, de intenciones y de medidas para estimular el crecimiento. 

Ayer mismo China revela un plan de “mini estímulo” que supone eliminar impuestos a pequeñas empresas, reducir costes de exportadores o liberar fondos para la construcción ferroviaria. La mayoría medidas del lado de la oferta y por la tanto con mayor potencial de incidir en el crecimiento. En una línea similar el Presidente de EE.UU. anunciaba ayer el comienzo de conversaciones sobre nuevas iniciativas económicas, que implican revisiones fiscales, apoyo a la industria y al empleo.  Está anunciando el camino de EE.UU. en otoño. En Europa,  adormecidos por el calendario electoral alemán, hemos de conformarnos con disfrutar de un dato de PMI que en julio se va a 50,4 y por lo tanto entrando en zona de expansión. Es algo.

jueves, 18 de abril de 2013

UN INCREMENTO DEL 1.600%



Que China ha entrado en una era de menor crecimiento, no es ni una opinión, ni un pronóstico. Responde a la voluntad de su quinta generación de líderes comunistas recién llegados. Su presidente dice: “nuestro modelo no es sostenible. Es imperativo para nosotros acelerar la transformación del modelo de crecimiento”. ¿Es esta voluntad de menor crecimiento algo de lo que alegrarse, o al revés?

Si hubiese escuchado esto de alguno de nuestros presidentes hace unos años, ¿que pensaría entonces? ¿y ahora? Retirar el ponche en mitad de la fiesta no ha sido nunca muy popular, pero a veces es necesario. Apenas se ha hablado de esto, y eso que nos referimos a la segunda potencia económica mundial por PIB.

Quienes seguro que tuvieron muy en cuenta lo dicho por el líder chino fueron los grandes actores del mundo de las materias primas. Los 20 más importantes traders de materia prima del mundo acumulan en la última década una cifra de beneficios que supera los obtenidos conjuntamente por los cinco principales fabricantes de automóviles. Entre 2000 y 2008 los beneficios se incrementaron un 1.600 %. 

¿A cuántos de estos traders conoce? Vitol, Glencore, Cargill y Trafigura son los 4 principales con una cifra de negocio conjunta en 2012 equivalente al 65% del PIB español. Forman un grupo muy reducido, instalado en áreas de tratamiento fiscal preferente tan diverso como Suiza, Chipre, Holanda o Singapur. Tan vinculados están al crecimiento chino, que muchos se preguntan si ha llegado el final del superciclo alcista del precio de las materias primas. Considérelo. Al menos eso es lo que parece.

domingo, 14 de noviembre de 2010

SIGUE SIENDO EL REY

Llegaba a la sede de la Bolsa el viernes pasado cuando el mercado acababa de abrir. Eran poco más de las 9 de la mañana y acudía a una entrevista acordada con CNN+. La Bolsa de Madrid, es un hermoso edificio. Su sala de contratación, un museo vivo, que está lleno, pero solo de historia. Mirar al techo nos traslada en el tiempo. Cuando entre las provincias de España figuraban algunas de Ultramar. Su hermoso parquet de madera, está plagado de quemaduras. Mientras se contrataba, se fumaba. Y las colillas…¡al parquet! Merece la pena visitarlo con quien conozca un poco de su historia. Hoy, la mayor parte de las almas que lo ocupan, son empleados de BME, o periodistas.

¡Menudo día! Así me recibió mi amiga Lara, joven, pero una de las veteranas en aquel lugar. La bolsa retrocedía a la apertura cerca de un 2%. Creí que sería por Irlanda, pero no. La causa estaba en China. La bolsa española retrocedía por la inflación en China. Llevaba tres días fuera de Madrid, y durante esos tres días, casi no había oído hablar de otra cosa que de China. Había tenido la oportunidad de estar con un pionero que ya en los setenta iniciaba su aventura empresarial en China, cuando todavía conservábamos alguna provincia de Ultramar y en la Bolsa se apagaban las colillas sobre el parquet. También con generaciones más jóvenes de empresarios, que han sido capaces de innovar sobre la herencia recibida y de entender mejor que nadie la aplicación en local de lo global. Cuando ellos hablan de China, los economistas, mejor callarse. De hecho, acostumbrados a analizar China casi exclusivamente como proveedor, recordé una conferencia reciente de un alto cargo de la Corporación Mondragón, en la que recogía un revelador retrato de la China interior a través de una segmentación de los consumidores chinos.

Por si fuera poco, China, y junto a China, los Estados Unidos, eran los dos grandes protagonistas del G20. El comunicado de la reunión de Corea acababa de publicarse, y CNN+ subtitulaba la entrevista: “Acuerdo de mínimos”. Parecía que al menos podíamos arrinconar en parte la “guerra de divisas”. Suena algo frívolo resumir en ese concepto, que con tanto éxito lanzó un Ministro brasileño, los cambios a los que asistimos. Ese acuerdo de mínimos, significa que, afortunadamente, los norteamericanos, los mayores importadores del mundo, están dispuestos a negociar. Y China, accede. Basta preguntar sobre los precios a los empresarios que se suministran allí y entenderemos por qué la Bolsa respira por la inflación de China.

Ese acuerdo, es lo más importante de este G20. Traducido en probabilidades sobre el dólar, que es lo que usted espera encontrar aquí, significa que es muy probable que en esta fase, el dólar haya dejado de ir a la baja. Ya conoce mi opinión: Ni la QE2, ni la “guerra de divisas” son todavía algo más que síntomas de un cambio profundo. Cambio que puede situar el PIB de China en 2025 muy cerca del norteamericano y en 2050, casi duplicarlo. Ya veremos entonces que pasó con el dólar. Pero ahora, el dólar, sigue siendo el Rey.

domingo, 24 de enero de 2010

¿Y COMO ESTAMOS?



Definitivamente no somos iguales. Cuando la crisis nos golpeó en la parte más aguda de su fase financiera, todos parecíamos igual de indefensos. Algunos creían estar en mejor posición comparada y de ahí las alabanzas que en aquellos momentos recibió el sistema de provisiones del sector financiero español; desde dentro alardes, pero tambien alabanzas desde fuera. Cuando la situación “al borde del precipicio” dejó lugar a otra menos dramática, pero en la que empezaban a evidenciarse los daños, pasamos desde la incredulidad a tratar de articular una respuesta. Nos animaba en buena medida la reacción inmediata de los gobiernos de los paises más desarrollados primero, y otros como China después. Es dificil saber como acabará la historia, pero hay que reconocer que la experiencia y el conocimiento sobre los años de la Gran Depresión definitivamente parece habernos ayudado a que muchos estemos donde todavía estamos. Desde que se ha hecho popular Nicolas Taleb, el autor de “El Cisne Negro”, son muchos los que recuerdan que los humanos somos muy capaces de aprender de lo que nos acontece, pero apenas aprovechamos nada de las experiencias “cerca de la muerte” que acaban por no concretarse. Bueno es celebrar que juntos hemos pasado lo peor, pero a partir de ahí, empiezan las diferencias.

En una economía como la española, todos los agentes asumen un largo periodo lleno de dificultades. No es solo en España, pero sobre todo en España. Nuestro extraordinario nivel de bancarización tiene mucho que ver con esa pobre expectativa, del mismo modo que nuestra concentración sectorial en construcción, turismo y automóvil. Junto a ello, antes o después, todos argumentan la dualidad del mercado de trabajo. Pero para muchos, cada vez más, la ausencia de reformas estructurales y la concentración del Gobierno en medidas paliativas, supone un fuerte lastre para la recuperación. Eso nos hace todavía más diferentes, hasta el punto que al mismo tiempo que somos los que más puestos de trabajo destruimos, también somos los que más crecemos en productividad. Se ve que los que conservamos el empleo hemos decidido absorber buena parte del trabajo de aquellos que lo han perdido.

Pero lo peculiar de nuestra situación –de por si peculiar- no es lo que explica las diferencias de trazo grueso. La diferencia la marca el tipo de política económica y el nivel de riesgo asumido. Estados Unidos ha optado por jugárselo a una carta, y a pesar de todo puede haberse quedado corto. Ha introducido medidas de estímulo que comprometen hasta un 5% de su PIB, con la intención de conseguir la reignición autopropulsada, pero apenas ha comenzado aún a hablar de medidas de contención del déficit fiscal. Las estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso para la deuda pública son de 12 billones de dólares en 2015, más del doble de la cifra de 2008, que a pesar de que no supondrá entonces más del 70% del PIB, -la deuda italiana actual representa más del 110%- introduce un gran factor de inestabilidad, pues precisa del ahorro exterior, propietario actual de más de un 60% del importe total de deuda pública norteamericana en circulación. Si bien el intento norteamericano puede fallar, y según los más pesimistas es incluso suicida, en Europa, donde los compromisos han sido mucho más modestos, y donde ya se habla más del déficit y la deuda que de la propia recuperación, la probabilidad de una recuperación autopropulsada se ve reducida por la menor cantidad de recursos fiscales puestos en juego, y por la sospecha de los agentes económicos, de que la cicatería inicial, forzará nuevos planes, tambien cicateros, de modo que la dinámica de planes y fracasos siguiendo el modelo japonés, mantenga un relativo control sobre las cuentas públicas, pero alimente la idea de una sociedad en estado de protección y subsidio. Los paises exportadores como Alemania, tienen una posible válvula de seguridad, pero no es el caso común. Con China, también las cosas son diferentes. Una explosión del crédito, –crecimientos interanuales de hasta el 150% tras el estallido de la crisis- seguido ahora de medidas timidamente paliativas de los excesos que eso genera. Esto significa que los asiáticos, no lo tienen claro. ¿Estamos mejor que hace un año? Mucho mejor. Simplemente, porque una buena parte todavía estamos. Sin embargo ahí se acaba lo que compartimos. Las diferencias surgen cuando nos preguntamos: ¿Y como estamos?

domingo, 27 de diciembre de 2009

EL ESPIRITU TAL VEZ EXISTE


No hace mucho más de dos meses que el Presidente del IFO, el más conocido entre los institutos de investigación económica alemanes, pronosticaba que el número de desempleados, alcanzaría un máximo en 2010 en el intervalo de 4,5 a 5,0 millones. Antes de Navidad, a modo de regalo, el mismo presidente hablaba de “un pequeño milagro” registrándose en el mercado de trabajo, de modo que el número de parados estimado ahora no será superior a 3,6 millones. Las ayudas gubernamentales son, en su opinión, la causa fundamental de este “milagro”.
No en idénticos términos, pero el Secretario del Tesoro de EE.UU se iba a la fiesta de Navidad admitiendo que en primavera la economía de su país podría crear empleo, “la economía ha recuperado a más ritmo y antes de lo previsto”. También aquí la ayuda gubernamental ha jugado un papel. Lo veremos en los precios de viviendas que se publican esta semana. Será probablemente la menor tasa de descenso interanual desde 2007, un 7,1% respecto a Octubre de 2008. Las ayudas en forma de crédito fiscal a los compradores de primera vivienda, ahora extendidas hasta abril de 2010 (vencían en noviembre), tienen buena parte de culpa. El diferencial de tipos entre el bono a 2 y 10 años que marca la pendiente de la curva de rendimientos en EE.UU. ya alcanza los 285 p.b. y está siendo interpretado en clave de alerta sobre los precios.

También en China hay motivo para celebración. Además de revisar durante estas fiestas su PIB de 2008 al 9,6% desde el 9%, ya anuncia que crecerá más de un 8% en 2009, y la trayectoria trimestral lo refuerza: 1T09: 6,1%; 2T09: 7,9%; 3T09: 8,9%. Señalaba WSJ que según un asesor del Banco Central, hay que preparar un cambio en la política monetaria, obviamente para hacerla más restrictiva, dado el resultado que están dando los planes de estímulo. Incluso el Primer Ministro hacía ayer mención a que impuestos y tipos de interés, están entre las herramientas que pueden ser utilizadas para hacer frente a la especulación. Lo hacía tras reconocer que los precios inmobiliarios han aumentado demasiado rápidamente en algunas áreas del país.

Tres potencias, y las tres en positivo. Es normal que los pronósticos que en general se leen estos días recojan algo de este espíritu de la Navidad. No es exactamente lo mismo que lo que ocurrió con el máximo responsable de un Banco Central Europeo –que me han prohibido mencionar-, que en su muy breve alocución a los empleados de la entidad con ocasión de la copa de Navidad, se limitó a desear de modo vehemente, que los pronosticadores privados acierten en lo que pronostican para 2010.

Si se puede sin embargo poner nombre cuando hablamos de la Ministra de Economía. Literalmente recogido de las agencias de prensa, nuestra primera responsable económica dice: “los ciudadanos pueden tener confianza en el futuro, excepto los que han perdido su puesto de trabajo. El resto pueden mirar el futuro con confianza, y a los desempleados, vamos a intentar encontrarles un trabajo”. ¿Estamos o no ante el espíritu de la Navidad? A nuestra Ministra, buena voluntad no le falta. Confía incluso, en que el último trimestre de 2009 estemos creciendo una décima, y eso que acabaremos el año decreciendo 360 décimas. No seamos pesimistas, que por algo se empieza. De momento, el dólar ayuda a los exportadores, y según cada vez más pronósticos, lo seguirá haciendo.

domingo, 22 de noviembre de 2009

FRANCAMENTE, NO ESTÁ A LA ALTURA

Estábamos en el mes de julio cuando el Banco Central de China, requería a la banca comercial la compra de una emisión especial de bonos a corto plazo por importe de 15.000 millones de Usd, que sería remunerada con un modesto interés del 1,5%. Se trataba de drenar liquidez para moderar la expansión del crédito. Sin embargo, a pesar de recurrentes medidas moderadoras, en los tres primeros trimestres de 2009, el crecimiento del crédito respecto al mismo periodo de 2008, es de un 153% y ya dobla el importe prestado en todo 2008. El crecimiento neto del crédito está previsto que alcance los 1,6 billones en 2009 frente a los 0,6 billones en 2008, importe que equivale a cerca del 35% de su PIB. Demasiado. Incluso para China.

Es razonable encontrar mil y una crónicas relativas a la formación de una burbuja. Incluso, como ya hemos señalado aquí, es también razonable que existan serias dudas sobre el destino final de esa enorme cantidad de crédito, que puede estar en parte siendo “enterrado” en subsidiar sectores económicos considerados estratégicos por el Gobierno y que se han visto afectados por el desplome del comercio mundial.

Y es que si hemos de atender a las estimaciones de analistas, aproximadamente un tercio del total del crédito se destina allí a los mercados bursátiles e inmobiliario. Aunque en 2008 la tasa oficial de morosidad fue del 2,81%, ya hay precedentes de tasas del 20% en 2003, lo que obligó entonces a abordar reformas en el sector financiero retirando del balance de los bancos esos préstamos impagados para situarlos fuera del mismo en agencias destinadas a gestionarlos. A pesar de ocasionales medidas de control, las estimaciones de cara a 2010 son que se mantenga el elevado ritmo de crecimiento crediticio. Mantener el crédito fluido y barato es posiblemente la herramienta clave a través de la que el Gobierno trata de acercar el desarrollo a las áreas del interior. Sobre las consecuencias no deseadas de un fenómeno de este tipo no hace falta extenderse. Lo que ocurre es que mientras Occidente mira a China con la esperanza de que actúe como bálsamo del estallido de su propia burbuja bajo el supuesto de que una apreciación del yuan actuaría como elemento de reequilibrio, los gobernantes chinos, pueden temer que la sola expectativa de revaluación, atraiga fuertes sumas de capital especulativo, acentuando el riesgo de desequilibrio sobre un sistema que según demandan los propios occidentales, se ve obligado a reinventarse para volcarse en el consumo.

Hay quien, como Krugman, sugiere que los chinos han de cambiar su política monetaria para hacerla menos laxa, y con ello evitar el sufrimiento de los trabajadores norteamericanos en paro. Gran parte de la solución radica, en opinión del premio nobel, en la apreciación del yuan. Si los asiáticos, cuya población activa se estima en 800 millones de personas, de las cuales el 50% vive confinada en zonas rurales de producción agrícola, con unos ingresos que apenas llegan al 10% del total, han de convencerse de las bondades de un cambio de política con el argumento del sufrimiento de los trabajadores norteamericanos en paro, tenemos para rato. Y esto no cambiará por mucho que Krugman insista en que si él fuese el Gobierno chino, estaría muy preocupado por el desequilibrio comercial entre los dos países. Francamente, el argumento no está a la altura debida. Veremos que pasa en 2010 una vez que los chinos entiendan que llega el momento de hacer un ajuste más intenso y permanente sobre el crédito, pero seguramente, y mientras no amenace la inflación, no será fácil que muevan pieza.

domingo, 15 de noviembre de 2009

CUENTOS CHINOS...DE TERROR



La visita asiática del Presidente norteamericano devuelve al tablero una de las piezas más conflictivas de la relación entre EE.UU. y los países del área: el problema cambiario. Hace unos días, el director general de una empresa industrial, implicado en todo aquello que puede comprometer el resultado de una empresa, a saber, tipos de cambio, de interés, petróleo, electricidad, gas, y alguna materia prima más que lo delataría, me enviaba el enlace al blog de un conocido comunicador y experto en redes sociales, que titulaba uno de sus recientes post, “El dólar fantasma”.

Esencialmente en el escrito se relata una especie de actuación a la desesperada en apoyo del dólar ejecutada por bancos centrales asiáticos en la madrugada de jueves a viernes del pasado 9 de octubre. Defendía el autor en clave de crónica, que aquella noche, el dólar se hundía, y fueron los asiáticos en compañía de los rusos quienes, en defensa de sus propios intereses, evitaron el desastre. Efectivamente los terminales informativos señalaron aquel día intervenciones de bancos centrales asiáticos. No es difícil detectar posibles intervenciones, y particularmente en los mercados asiáticos, donde por otra parte son plato que se sirve con mucha frecuencia, si bien responden más a menudo de lo que se pretende, a interpretaciones erróneas de actuaciones de entidades privadas. Y es que son contadas las ocasiones en las que los bancos centrales confirman este tipo de actividad. La cuestión es que los importes que se negocian diariamente en los mercados de divisas son tan elevados, que cualquier cifra, incluso modesta, puede parecer escandalosa y es susceptible de ser incorrectamente interpretada.

Sirve sin embargo este tipo de interpretación para poner de manifiesto uno de los extremos del debate que se está dando sobre el futuro del dólar como divisa de reserva, y en particular el papel que en ese futuro de la divisa norteamericana corresponde a las economías emergentes, titulo este que según algunos debe de estar a punto de caducar, y que fue uno de los grandes inventos de los creadores de derivados en la mitad de la década de los noventa, cuando para colocar con éxito sus notas estructuradas entre los inversores hubieron de encontrar un nombre sugerente de implicaciones positivas para sustituir al más común de “países menos desarrollados” de considerablemente menor sex appeal.

El caso es que a pesar de la buena acogida que se está dando al presidente norteamericano , la cumbre de la APEC que reunía al final de la pasada semana a 21 líderes mundiales del área del Pacífico, no pudo acabar mencionando en el comunicado a los mercados de divisas, y es que todo apunta a que chinos y norteamericanos no se pusieron de acuerdo en las palabras a utilizar, cuando en el borrador que se les presentó se hablaba de “market based orientated exchange rates”. Durante la sesión de jueves y viernes, la recuperación del dólar frente al euro estuvo en parte basada en la expectativa de una mayor flexibilidad cambiaria de China, hablándose incluso de revaluación, actuación que se supone liberaría presión alcista sobre el euro. Cuando a media tarde del vienes se supo de la ausencia de referencia en el comunicado al mercado de divisas, el dólar volvió rápidamente por encima de los 1,49.

Pero si hay dudas sobre la sostenibilidad del dólar y el enorme déficit fiscal norteamericano, algunos sobresalientes inversores tienen serias dudas sobre la sostenibilidad de los chinos. El más famoso es el gestor multimillonario Jim Chanos, que saltó a la fama en 2001 al denunciar que los estados financieros de ENRON eran “pura ficción”. Es lo que ahora advierte sobre la economía china, de modo que conviene saber que los cuentos de terror no solo tienen a los norteamericanos como protagonistas.