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jueves, 25 de julio de 2013

MIENTRAS EUROPA DUERME


Si hay una institución que ha perdido mucha de su supuesta importancia es el G20, al que llegó a hacerse referencia en la fase inicial de la crisis como una especie de gobierno mundial. La reunión de hace unos días en Rusia, no ocupó ni de lejos el espacio que se dedicó a las cumbres que se suponían dirigidas a salvar al mundo, y sin embargo algunos de los movimientos que pueden estar teniendo lugar ahora puedan de algún modo tener que ver con lo que se trató en el G20. 

Una reunión en ese formato está bastante cerca de ser inútil, pero aunque su utilidad difícilmente puede compararse con la de otros foros más reducidos, al menos puede  servir como caja de resonancia de tendencias que los países más importantes imprimen a sus políticas económicas. Resulta que apenas unos días después de celebrado el G20 en el que hablaba de apostar por el crecimiento, dos de las principales economías del mundo hablan de cambios, de intenciones y de medidas para estimular el crecimiento. 

Ayer mismo China revela un plan de “mini estímulo” que supone eliminar impuestos a pequeñas empresas, reducir costes de exportadores o liberar fondos para la construcción ferroviaria. La mayoría medidas del lado de la oferta y por la tanto con mayor potencial de incidir en el crecimiento. En una línea similar el Presidente de EE.UU. anunciaba ayer el comienzo de conversaciones sobre nuevas iniciativas económicas, que implican revisiones fiscales, apoyo a la industria y al empleo.  Está anunciando el camino de EE.UU. en otoño. En Europa,  adormecidos por el calendario electoral alemán, hemos de conformarnos con disfrutar de un dato de PMI que en julio se va a 50,4 y por lo tanto entrando en zona de expansión. Es algo.

martes, 4 de septiembre de 2012

SEPTIEMBRE EN LOS MERCADOS


Punto final al agosto tranquilo e inicio de un septiembre clave. La tranquilidad de agosto se la debemos al Presidente del BCE. También del BCE depende en gran parte que septiembre sea ese nuevo mes clave. Claro que son tantos los meses clave que llevamos desde que sentimos lo gélido de la crisis en el cogote, que la sensibilidad a meses, semanas o días “clave” ya hace algún tiempo que atañe más a aquello que observamos en la proximidad de nuestras empresas, amigos y familia, que a la información que reproducen los medios. Es lógico que la gente se desentienda de tanto evento clave que no le sirve para nada y se centre en lo próximo, en lo útil. Veamos si podemos contribuir. 

En los mercados la situación se caracteriza por una volatilidad extremadamente baja y si sirve como referencia, en los mercados de divisas esta calma aparente no se da solo entre los pares más importantes como el euro en su relación con el dólar, sino en otros pares tradicionalmente muy volátiles como es el caso del real brasileño o del peso mejicano. Lo normal sería que esto no se prolongase mucho, pero tampoco es probable que sea el mercado de divisas el que desencadene la tormenta.

Lo previsible es que si se produce inestabilidad, esta proceda o bien de los mercados de materias primas, o bien de los de renta fija. En renta variable la referencia es el VIX (llamado índice del miedo), que está en niveles mínimos, y si acaso este entorno duradero de muy baja volatilidad, de lo que advierte es de moderar el uso de instrumentos que suponen venta de opciones.

La venta de opciones es fundamentalmente venta de volatilidad.  Estando en niveles tan bajos, vendemos volatilidad y por lo tanto asumimos riesgo a cambio de muy poco. Es aconsejable la prudencia en la contratación de "acumuladores" algo que está siendo ofertado por las entidades financieras,  o de instrumentos apalancados que sean cortos de volatilidad. Han sido útiles durante estos meses de volatilidad descendente , pero durante un tiempo mejor recurrir a instrumentos menos sensibles a la volatilidad, y en su caso apostar por incrementos de la misma, aunque haya de hacerse todavía de forma prudente.

Siguiendo con la divisa, en relación a tendencias y con lo que hasta ahora conocemos, el euro no debería apreciarse más. No al menos de forma significativa. Aun así, una fuerte caída del euro está muy limitada por un dólar que tiene que cotizar las grandes dudas que se asocian al próximo final de las medidas de estímulo fiscal, prorrogadas por el actual presidente de EE.UU. y que están siendo objeto de una de las partes más encendidas del debate electoral. 

En materia monetaria y a diferencia del BCE, que sin duda tiene espacio, necesidad y también voluntad de tomar medidas que caen en el terreno de la relajación ya sea en su forma clásica (tipos más bajos) o en su forma menos ortodoxa a través de compras de deuda, la FED atraviesa un momento en el que ha de gestionar la indefinición que supone la posibilidad de un cambio en la presidencia de la nación, y es posible que si las circunstancias se lo permiten, mantenga una actitud de “esperar y ver” al resultado el electoral y lo que como consecuencia ocurra con la política fiscal. No renovar los estímulos fiscales puede ser sinónimo de un fuerte descenso en la expectativa de crecimiento en EE.UU.  e intensificar coin ello la probabilidad de medidas de estímulo monetario; la llamada QE3, uno de los instrumentos más poderosos de estimulo para los mercados financieros.

Por eso que en septiembre entramos en territorio más incierto. Y no en política, o en economía real, que eso no es novedad. Estoy  hablando desde la perspectiva de aquello a lo que responden los mercados financieros.

domingo, 24 de enero de 2010

¿Y COMO ESTAMOS?



Definitivamente no somos iguales. Cuando la crisis nos golpeó en la parte más aguda de su fase financiera, todos parecíamos igual de indefensos. Algunos creían estar en mejor posición comparada y de ahí las alabanzas que en aquellos momentos recibió el sistema de provisiones del sector financiero español; desde dentro alardes, pero tambien alabanzas desde fuera. Cuando la situación “al borde del precipicio” dejó lugar a otra menos dramática, pero en la que empezaban a evidenciarse los daños, pasamos desde la incredulidad a tratar de articular una respuesta. Nos animaba en buena medida la reacción inmediata de los gobiernos de los paises más desarrollados primero, y otros como China después. Es dificil saber como acabará la historia, pero hay que reconocer que la experiencia y el conocimiento sobre los años de la Gran Depresión definitivamente parece habernos ayudado a que muchos estemos donde todavía estamos. Desde que se ha hecho popular Nicolas Taleb, el autor de “El Cisne Negro”, son muchos los que recuerdan que los humanos somos muy capaces de aprender de lo que nos acontece, pero apenas aprovechamos nada de las experiencias “cerca de la muerte” que acaban por no concretarse. Bueno es celebrar que juntos hemos pasado lo peor, pero a partir de ahí, empiezan las diferencias.

En una economía como la española, todos los agentes asumen un largo periodo lleno de dificultades. No es solo en España, pero sobre todo en España. Nuestro extraordinario nivel de bancarización tiene mucho que ver con esa pobre expectativa, del mismo modo que nuestra concentración sectorial en construcción, turismo y automóvil. Junto a ello, antes o después, todos argumentan la dualidad del mercado de trabajo. Pero para muchos, cada vez más, la ausencia de reformas estructurales y la concentración del Gobierno en medidas paliativas, supone un fuerte lastre para la recuperación. Eso nos hace todavía más diferentes, hasta el punto que al mismo tiempo que somos los que más puestos de trabajo destruimos, también somos los que más crecemos en productividad. Se ve que los que conservamos el empleo hemos decidido absorber buena parte del trabajo de aquellos que lo han perdido.

Pero lo peculiar de nuestra situación –de por si peculiar- no es lo que explica las diferencias de trazo grueso. La diferencia la marca el tipo de política económica y el nivel de riesgo asumido. Estados Unidos ha optado por jugárselo a una carta, y a pesar de todo puede haberse quedado corto. Ha introducido medidas de estímulo que comprometen hasta un 5% de su PIB, con la intención de conseguir la reignición autopropulsada, pero apenas ha comenzado aún a hablar de medidas de contención del déficit fiscal. Las estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso para la deuda pública son de 12 billones de dólares en 2015, más del doble de la cifra de 2008, que a pesar de que no supondrá entonces más del 70% del PIB, -la deuda italiana actual representa más del 110%- introduce un gran factor de inestabilidad, pues precisa del ahorro exterior, propietario actual de más de un 60% del importe total de deuda pública norteamericana en circulación. Si bien el intento norteamericano puede fallar, y según los más pesimistas es incluso suicida, en Europa, donde los compromisos han sido mucho más modestos, y donde ya se habla más del déficit y la deuda que de la propia recuperación, la probabilidad de una recuperación autopropulsada se ve reducida por la menor cantidad de recursos fiscales puestos en juego, y por la sospecha de los agentes económicos, de que la cicatería inicial, forzará nuevos planes, tambien cicateros, de modo que la dinámica de planes y fracasos siguiendo el modelo japonés, mantenga un relativo control sobre las cuentas públicas, pero alimente la idea de una sociedad en estado de protección y subsidio. Los paises exportadores como Alemania, tienen una posible válvula de seguridad, pero no es el caso común. Con China, también las cosas son diferentes. Una explosión del crédito, –crecimientos interanuales de hasta el 150% tras el estallido de la crisis- seguido ahora de medidas timidamente paliativas de los excesos que eso genera. Esto significa que los asiáticos, no lo tienen claro. ¿Estamos mejor que hace un año? Mucho mejor. Simplemente, porque una buena parte todavía estamos. Sin embargo ahí se acaba lo que compartimos. Las diferencias surgen cuando nos preguntamos: ¿Y como estamos?