
Hoy voy a hacer algo indebido. No hay nada peor que arrogarse en el
papel de gurú. Y más si eso se hace por escrito y se dirige a quien confía y
paga a quien esto escribe en la confianza de que actúe como leal prescriptor de
una política de gestión de riesgos, ya sea de divisa, de tipos de interés o de
materias primas, que es eso por lo que regularmente enviamos a usted una
factura con la que pagamos a nuestros proveedores y las nóminas de quienes aquí
trabajamos. Nos esforzamos por intentar merecer esa confianza, y es por ser
honestos que tenemos que evitar entrar en el pronóstico como forma de ganarnos la vida. Más que nada
porque no tenemos ni idea de cómo será el futuro. Y desde luego no más idea de
la que usted puede tener. Si acaso, podemos tener más descaro y al manejar
diariamente algunas herramientas de análisis, podemos ganarle en fundamentar el
pronóstico, pero desde luego no en acertar. Sin embargo, tanto tiempo de gozar
de la confianza de personas como usted nos permite jugar a adivinar algo
del futuro, sabiendo que la confianza que usted deposita en
nosotros, nos permite arriesgar a hacer una apuesta predictiva.
Hablemos de la
relación euro/dólar,
que está, directa o indirectamente presente en muchas de las decisiones en las
que intervenimos. Hace ya meses que el dólar mantiene valores medios alrededor
de 1,30. En los últimos meses ha tenido un movimiento de ida y vuelta,
pero sin perder un sesgo bajista para el euro. De hecho, consideramos, desde un punto de vista
técnico, que la recuperación reciente hasta los 1,32 no es otra
cosa que una corrección del movimiento que viene desde los 1,38. Ahora mismo
estamos en uno de esos movimientos que tiene potencial de llevarlo a zona menos
confortable para los importadores. El recuento de
ondas de Elliot, sugiere que la segunda onda finalizo en los máximos de
principios de mayo en los 1,32, y que desde entonces se ha iniciado una onda tres, que es la mas larga de las cinco que forman el ciclo de Elliot
y aquella en la que se suman la mayor parte de actores del mercado. Similar
conclusión se deriva del análisis charlista, que sugiere la formación de
una figura HCH (hombro-cabeza-hombro) que tendría su línea clavicular (la que
hay que romper) en los 1,2750. Las proyecciones de uno y otro
análisis, nos
llevan a la zona de los 1,20 y más
abajo.
¿Qué sugieren los fundamentales? Algo parecido. Los datos que tenemos nos dicen que la economía norteamericana
resiste a pesar de las dudas, e incluso, que los bancos están compitiendo por
prestar barato a las empresas. “Cada diez años los bancos cometen horribles
errores, y generalmente empiezan por prestar dinero muy barato” Lo dice un
banquero norteamericano, y lo refuerza un informe de la Reserva Federal que dice que un 65% de los bancos
prestan a tipos cada vez más bajos a las empresas, y que casi un tercio de
ellos han reducido sus exigencias de garantías para atraer prestatarios. ¿Un
sueño para nosotros? Efectivamente. Déjeme decirle una cosa que apenas hemos
comentado. Desde finales del año pasado, representamos en España a FINACITY, la
primera titulizadora de cuentas a cobrar del mundo. No tenga reparo. Hay dinero
para proyectos de crecimiento. Podemos ayudarle. Mundo del dólar, ergo, subirá.
En
tiempos donde la financiación empresarial no es asunto fácil, hay oportunidad
para nuevas y buenas ideas, aunque también para aparentes soluciones mágicas,
que por lo inverosímil, deben de ser tratadas con extrema cautela. Alguna de
ellas ha hecho aparición en nuestros radares, y si lo merece, aquí la comentaremos.
No
es precisa tanta prevención en un asunto de la importancia de Pescanova, que merecía ayer la portada
digital del diario Expansión, apuntando lo que ya era una sospecha, y es que la
compañía había entrado en una dinámica de emisión de facturas falsas que ha contribuido a desembocar en
su actual crisis. No es un invento nuevo esto de descontar facturas
inexistentes, pero si la escala y en el que afecte a una compañía cotizada. En
el mercado internacional de financiación, el caso Pescanova, bautizado como el
ENRON español, ha provocado estupor por
lo que supone de poner de manifiesto los fallos del sistema, desde la auditora al supervisor,
pasando por las propias entidades de crédito.
Cuando en el curso de nuestro
trabajo acudimos a una reunión con algún banco internacional para proponer su
participación en el tipo de soluciones de factorización
sindicada que estamos promoviendo, el caso Pescanova aparece como una de
esas preguntas sin respuesta que surgen al final del encuentro y que arrojan
una sombra de duda más sobre la fiabilidad de España y lo español. Se empeña el
Ministro de Economía en destacar los méritos del primer superávit comercial, pero bien haría el Gobierno no en felicitarse
de los resultados del esfuerzo de las empresas, sino en aplicarse en solucionar
los agujeros que permiten casos como Pescanova,
las preferentes, o las cláusulas suelo, que a pesar de lo que parezca
por la reciente sentencia del Supremo,
ponen de manifiesto que no es precisamente el libre mercado el mal por el que
penamos.

Nuestra clase política, esa que el Director General Adjunto del Transparencia Internacional refiere como no respetada en los países del sur de Europa, adolece toda ella de una enfermedad que solo cambia en el grado de intensidad y que varía según o no estén en labores de Gobierno. Da lo mismo que hablemos de la derecha o de la izquierda, nacionalista o no. Todos ellos creen que los ciudadanos somos gente estúpida, incapaces de saber lo que nos conviene, y como consecuencia necesitados de orientación para sacarnos del lío en el que nos han metido. Exige de un ejercicio de disciplina democrática quedarse sentado ante la avalancha de estupideces que se les ocurren. Los mismos, exactamente los mismos que nos hablaban del pleno empleo en 2008. Y es curioso que en lugar de mirar al sistema y corregir lo que no funciona, o al menos intentarlo, no, ellos insisten en nuevas normativas, en variantes de viejas normativas, en regulaciones provisionales o en suspensiones provisionales de viejas regulaciones.
Eso es lo que ahora propone el PSOE. Ni una palabra, ni una medida, ni una simple sugerencia que ponga de manifiesto que los dirigentes políticos confían en los ciudadanos que les pagamos y sostenemos la estructura de este Estado elefantiásico en cargos y asesores. Nada. Erre que erre en intentar arreglarnos ellos la vida. En no dejarnos vivir, más bien. La traición del PP a su programa y sus votantes no tiene igual por lo disparatado, por más que nos hablen de un estado de necesidad. ¿Qué necesidad ni niño muerto? Si crees en la gente, ayuda a la gente y déjala actuar, que a largo plazo es la gente la que salva a los países, mientras que una clase política cuasi perenne como la que tenemos poco respeto puede inspirarnos. Pero esto no se trata de un desahogo, sino de dar una opinión sobre las propuestas que acaba de presentar el PSOE.
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Hoy finaliza el retrato. ¿Cómo? Como lo oye. A pesar de lo que decía el desinformativo de las 15.00 horas de TVE1 del domingo, que también lo recordaba, lo que hoy finaliza es el retrato ante Hacienda de todos los saldos superiores a 50.000 euros que los residentes fiscales españoles tienen en el exterior. Ignorando la realidad o simplemente desinformando, el elegante jovencito que presenta el informativo venía a sugerir que el modelo 720 era como una especie de confesión de los pecados, y que el que no lo hiciese se preparase porque las sanciones podían llegar a ser de 3.000 euros por dato erróneo.
Parecía como si hablase de lo que comúnmente se conoce como dinero B. Por si cuela. Nada de B. El periodo de regularización tributaria finalizó hace cinco meses. Ahora se trata de decir donde uno tiene invertido su dinero en el exterior, y con todo lujo de detalle. Tal es la confusión que la declaración ha generado que la lista de consultas a Hacienda ocupa 44 folios. “Declaración informativa” la llaman. Recordemos para los menos iniciados. Es un dinero legal, obtenido lícitamente, que ha pagado sus impuestos, que está invertido donde la libertad de movimientos de capital permite (y si no que la limiten), y que ahora, para comodidad de Hacienda ha de ser presentado en un formulario “ad hoc” de modo que puedan evaluar con facilidad donde dar el golpe para obtener con la menor amputación, la mayor recaudación.
¿Le parece muy duro? Pues entonces sugiéranos otra razón para tal declaración. Nosotros no tenemos absolutamente ninguna duda. La deuda va a seguir subiendo, y un país moderno paga. O lo hace con impuestos presentes, o con impuestos futuros, o con inflación. ¿Qué le parece una combinación de los tres?