Mostrando entradas con la etiqueta gobierno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gobierno. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de febrero de 2012

EXTRAÑA DESAPARICIÓN


Se preguntaba el pasado viernes Martin Wolf, uno de los analistas de mayor reputación de Financial Times, si podía producirse una crisis de balanza de pagos en una unión monetaria. Es interesante su reflexión, porque después de responder afirmativamente sin ambages, señalaba que de una crisis de balanza de pagos en un área de moneda única se sale, o mediante una crisis de crédito o mediante una fuerte contracción económica. Llama la atención encontrarse con este análisis justo estos días, en los que puede leerse mucho, y de todo, sobre lo que la reforma del mercado de trabajo va a suponer para la economía española y sus agentes. El mercado de trabajo es uno de los más complejos de cuantos se pueden analizar en economía, y sin ser un experto hace falta armarse de voluntad para leer las 64 páginas del BOE que ocupa el RD Ley del 10 de febrero. Me decía hace unos días el secretario general de un sindicato de autónomos, que hay errores técnicos en el RD que tendrán que ser corregidos. Como me hizo la confidencia de quién había redactado el Decreto, y coincidía de lleno con otra confidencia de días antes, -siempre es aconsejable no mencionar nada hasta tener al menos dos fuentes fiables-, me alegró saber que incluso mentes tan fuera de cualquier duda sobre su conocimiento de la regulación laboral había cometido errores técnicos, lo que demuestra que el asunto es complejo.  

La relación del artículo de Wolf con la reforma es simple a mi modo de ver. De esa ligazón, aparte de los manuales, me dio constancia el documento que el Banco de España había utilizado en su presentación a inversores extranjeros de la reforma financiera el pasado 4 de febrero. Cuando cayó en mis manos, me llamó extraordinariamente la atención que en los gráficos de apoyo que presentaba el Banco de España, nuestro déficit corriente desaparecía en 2013. En 2008 era del 9.2% del PIB. No conocíamos nada de la Reforma Laboral, pero en cuanto el propio día 10 el Gobierno la hizo pública, no me quedó ninguna duda. El Gobierno había “devaluado”, y lo tenía tan claro que unos días antes había hecho “desaparecer” el déficit por cuenta corriente, algo que solo se ha venido corrigiendo mediante devaluaciones monetarias. Una breve colaboración que hice en prensa ese mismo fin de semana fue bajo esa advocación: habíamos devaluado.

El objetivo de la reforma será crear empleo, y sobre su eficacia a corto plazo hay opiniones. Sobre lo que no hay duda es sobre lo que el Gobierno espera de la reforma, y es que haga desaparecer el déficit corriente. Y es este el indicador clave por el que va a medir si la reforma laboral cumple su papel. La devaluación monetaria, es más justa, porque afecta globalmente, pero no es posible en un área de moneda única. La devaluación efectuada es más dura, y más injusta, pero tiene vocación de ser más eficaz, porque no puede ligarse una detrás de otra, de modo que es muy exigente. Por eso la reforma no es equilibrada, ni justa como dice el Gobierno, simplemente porque una devaluación salarial, concentra el esfuerzo en el factor trabajo. Es de esperar que el Gobierno acierte, porque difícilmente habrá segunda oportunidad.

lunes, 31 de octubre de 2011

SIN LUGAR DONDE MIRAR


Conocíamos al final de la semana pasada los resultados de dos encuestas sobre la economía española, la trimestral de población activa, y la anual de presupuestos familiares que en esta ocasión refiere los hábitos de consumo de los españoles en 2010. Los resultados de la primera, desoladores. Los de la segunda, reveladores, aunque ni en un caso ni en otro podemos llevarnos las manos a la cabeza con sorpresa.

Consideremos solo los grandes números. En España trabajaban en el tercer trimestre de 2007 más de 20,5 millones de personas. Cuatro años después, trabajan menos de 18,2 millones. El número de parados era entonces inferior a 1,8 millones, y supera hoy los 4,98 millones. Poco más de un año desde la última reforma laboral y hay 403.000 parados más, y eso que está disminuyendo la población activa, cuyo crecimiento en la primera mitad de la legislatura servía de excusa para justificar el incremento de la tasa de desempleados. Pero ni bajando la población activa, ahora en 23,13 millones, conseguimos presentar algún matiz digno de esperanza en el mercado de trabajo. Y en el último trimestre, añadiremos entre 200 y 300 mil nuevos desempleados. ¿Qué hacían los consumidores en 2010 según la encuesta de presupuestos familiares? Lo lógico, reducir su gasto un 3,15% en términos reales. De los 12 capítulos de la encuesta, y descontado el efecto inflación, todos los gastos descienden a excepción de enseñanza. Cabría pensar que si no gastamos, ahorramos, pero tampoco. En 2009, el ahorro de los españoles había llegado a alcanzar el 20% de su renta disponible. Los datos del segundo trimestre de 2011 cifran en el 12,8% el ahorro familiar.

Parecería que con un panorama así, al menos no seguiríamos precisando de financiación exterior, pero otra vez no. Desciende algo esa necesidad, pero aún así, en el primer semestre de 2011 precisamos financiación exterior adicional por importe de 23,6 millardos de euros. Al menos la inflación se modera, pero la moderación de precios tiene en su reverso la amenaza de deflación, lo que dificultará el pago de la deuda. ¡Si al menos el sector financiero dejase entrar algo de luz! No será así después del increíble revolcón sufrido por los grandes bancos españoles el pasado jueves. Respecto al déficit fiscal, ni el gobierno tiene ya valor para decir que cumplirá con el 6%. Y el euro añadiendo dificultades a lo único que iba bien, la exportación (27% del PIB). Tiene que depreciarse de nuevo porque todo el mundo es consciente de que la cumbre europea puede haber evitado el desastre inminente, pero en absoluto ha resuelto la crisis. Para ejemplo, Italia. Tras la cumbre, emitía papel a 10 años a coste record. Veremos si al menos el Presidente del BCE se estrena el jueves recortando tipos, pero aún más importante, si mantiene su apoyo incondicional a las medidas “no convencionales”, única línea de vida para España e Italia. No cabe esperar otra cosa.

Y así pasan los días. En el interior asombrándonos de cómo aguantamos en pié con lo que cae mientras esperamos un Gobierno. Y en el exterior, fiando a que el G20 de esta semana sirva para algo. Porque después de ahí, no hay nada. Bueno, nada no. Queda la FED y sus posibles nuevas compras de bonos.

martes, 25 de enero de 2011

“Y NO LA VENDO PORQUE …”


El Gobierno revolucionó un poco más el panorama bancario, ya revuelto, con la exigencia de más solvencia al sistema financiero en general, aunque con la vista en las Cajas. Formalmente: Transparencia, confianza, recuperar control. Una pena haberse empecinado tanto tiempo en “nosotros no”. En fin…

¿Qué implica para cada uno?, esa es la cuestión. La primera reflexión es que la vida va a ser sin duda más dura para el sistema financiero. He visto y leído demasiados análisis como para poder decir con algún grado de seguridad si los 20.000 millones son suficientes. En gran parte, -en casi toda- depende del valor –y posterior evolución- que quiera darse a los activos –sobre todo inmobiliarios- que el sistema tiene en sus balances. Aparentemente con estos 20.000 millones se completan, hasta 100.000 millones, las ayudas ya entregadas, y sobre todo las provisiones específicas y genéricas de las que tanto tiempo se ha presumido, que sin duda son buenas, pero desde anteayer ya queda oficialmente claro que no son suficientes.

¿Que ha de ocurrir? Las cajas/bancos precisan aumentar en 2011 su solvencia hasta un límite que el sistema financiero mundial no precisa hasta 2013. Esa solvencia ha de calcularse considerando las cifras del recién terminado 2010 y que habrán de presentar antes del 28 de febrero. Los que no lleguen al mínimo tienen que apañarse para conseguirlo antes de septiembre. Significa que han de mejorar su capital básico –en el que no sirven híbridos de capital- en relación a sus activos ponderados por riesgo. En principio, en esta merienda de normas y cifras, ya no habría lugar a manipular a partir de los datos que se den a finales de febrero, pues el análisis del capital preciso se hará sobre la foto de los activos de diciembre de 2010. Si la situación fuese esta, las entidades no tendrían por que entrar en una loca carrera de ajuste de activos, pues el ajuste solo puede hacerse elevando el capital básico o “core capital” como quiera llamársele. Significa esto, que mientras no aparezcan necesidades nuevas o trampas viejas en el sistema financiero, los procesos de negociación bancaria no habrían de verse más afectados que hasta ahora por esta norma. Cualquier proceso debería de tener como horizonte estar cerrado en septiembre. Simplemente porque si alguna de nuestras entidades están entonces en situación de ser intervenidas, las circunstancias a partir de ese momento pueden ser otras. Todo lo demás, no cambia. Hasta aquí lo bueno. Ahora lo malo.

Me lo advertía ayer un alto ejecutivo cuya compañía esta participada por Cajas. “Y no vendo a mi madre, porque no está entre las participadas”, le espetó un directivo de su Caja. Esa es la más seria amenaza que pende sobre muchas empresas que forman la cartera industrial de las Cajas. Las ventas están siendo generalizadas y el riesgo de caer en manos impropias es alto. Muchos buenos negocios se arriesgan a ser pasto de truhanes a la búsqueda de gangas que revender por partes. Es una derivada asoladora de lo que el Gobierno entiende como una medida de transparencia para reforzar al sistema financiero. Y es que llegar tarde y corriendo, nunca fue bueno.

jueves, 24 de junio de 2010

EL ORDAGO ESPAÑOL


Publicaba el pasado fin de semana el diario El País un artículo titulado ¿Por qué Berlín ataca a España? Según se refleja en el artículo, la agencia Reuters denunciaba que el 7 de junio, dos funcionarios alemanes comunicaron a la agencia que España estaba preparando la petición de ayuda del fondo de rescate que la UE creó –sin demasiados detalles- el fin de semana del 9 de mayo. Al intentar verificar la noticia, Reuters recibió un desmentido tajante de las autoridades españolas, y decidió no publicarla. Sin embargo, si se hicieron eco en la prensa alemana. Fueron los días más difíciles de la banca española hasta la fecha. El miedo se reflejaba en los índices de renta variable, en los diferenciales de deuda, en los CDS´s, o en el euro. Todos indicaban valores extremos.

El 9 de junio, este comentario, fue una crónica. Se titulaba “Apenas 24 horas”. Ese día, llovía en Madrid. Al finalizar un almuerzo, en plena Castellana y protegidos por dos paraguas, tres muy conocidos economistas junto a quien esto escribe, discutían más acaloradamente de lo que nunca había llegado a imaginar que sería testigo. Uno de ellos es un extraordinario conocedor del día a día del sistema financiero español. La tensión alcanzada en aquella discusión eliminaba cualquier duda sobre la gravedad de las circunstancias que nos estaban tocando vivir. El argumento que desencadenó el clímax de tensión, fue la situación del sistema financiero alemán; “en quiebra desde 2001” afirmó contundente uno de ellos.

Es muy probable que coincidiese con el momento a partir del cual el Gobierno español decidió pasar a la ofensiva. Respaldado por el Banco de España, el presidente del Gobierno culminaba ayer en el Congreso lo que hasta el momento ha sido su jugada de más éxito frente a los mercados: forzar la publicación de los resultados de las pruebas de esfuerzo de la banca europea. Según anunció, van a ser publicadas en la segunda quincena de julio, algo que fue acordado, según manifiesta, en el Consejo Europeo del 17 de junio. Aunque es posible que la historia nos acabe revelando matices, el órdago español puede haber comprado tiempo para España, pero quizá a cambio de haber revelado la desnudez del emperador alemán. No me caben demasiadas dudas de la fuente de inspiración del Gobierno y del diario El País. Los argumentos que se exponen son de peso. No nos hace esto mejores, ni tampoco nos reabre las puertas que a partir de la fatídica semana del 7 de junio, se nos cerraron. La gran noticia sería que las pruebas de esfuerzo respaldasen a nuestros bancos, y que como apunta en su blog otro gran economista español, fuesen origen de buenísimas noticias, de modo que “con un poco de suerte, no sea demasiado tarde para España”

martes, 8 de junio de 2010

¡¡¡SORPRENDENOS!!!


Gustaba repetir el presidente del Gobierno, que lo peor de la crisis estaba detrás. Los que nunca compartimos el espejismo, asistíamos atónitos a semejante interpretación, y nos preguntábamos donde veía el presidente esa mejora. Nos poníamos a buscar y eran muy escasos los resultados de la búsqueda. Había que conformarse con algo tan difícil de percibir y sujeto a discusión como la mejora de la productividad. En otros casos, podía encontrarse algo un poco más aparente como la mejora de nuestras exportaciones. Lo primero era consecuencia de una fuerte destrucción de puestos de trabajo que afectaba sobre todo a los más débiles, justo a aquellos en nombre de los cuales el gobierno se negaba a alterar un ápice su política económica. Lo segundo, porque en un esfuerzo titánico, la parte más dinámica de la sociedad española, consciente del oscuro horizonte interior, se volcó con todas sus fuerza en encontrar más allá de nuestras fronteras el mercado que se le cerraba en España. En todo lo demás, nada permitía concebir que algo sólido se estuviera poniendo en marcha. Era el tiempo de las palabras vacías de contenido. Era el tiempo de la economía sostenible, de la reforma fallida de las pensiones, del mejor sistema financiero del mundo, de superar en renta a nuestros vecinos franceses o italianos, o de una reforma laboral que solo se aprobaría por consenso.

Pero el tiempo de las palabras huecas finalizó de modo abrupto. Fue a partir del viernes 7 de mayo. Para el gobierno, fue un terrible despertar. España, percibida muy poco tiempo atrás como el primero de la clase, pasa a ser un país sobre el que se ciernen toda clase de dudas. El gobierno, hasta entonces instalado en un discurso demagógico, se ve obligado a reaccionar. Tan carente de planes estaba, que no encontró otro modo mejor de demostrar su rápida conversión que improvisando un recorte en el sueldo a los funcionarios, y congelando las pensiones. No cabe reprochar a los servidores públicos que acusen al gobierno de utilizarlos como moneda de cambio una vez que toda la estrategia de autoengaño se viene abajo como un castillo de naipes. Menos aún cuando es esta la única pedagogía que se ha hecho con los ciudadanos. Pero una política económica no se improvisa y menos cuando estamos ante una situación de emergencia. Para acceder en caso necesario al mecanismo de estabilización financiera que la Comisión Europea aprobó el 9 de mayo, el gobierno ha de convencer a nuestros socios europeos de que se han adoptado medidas de ajuste fiscal creíbles y precisas. Sobre esto se examina estos días el gobierno español.

Disponer de tal ayuda se ha convertido para el gobierno en la aspiración máxima. Es un grave error. La sociedad española debe exigir a quien gobierna que aspire a sacar a nuestro país de la situación de desconfianza que a corto plazo cierra el acceso a los mercados de financiación para nuestra deuda, poniendo en peligro a nuestro sistema financiero, pero que a largo plazo compromete nuestro futuro. Estamos ante una de las coyunturas más serias a las que se han enfrentado varias generaciones de españoles, que tienen derecho a exigir que no sea el mediocre objetivo de quien gobierna aprobar el examen requerido para ser rescatados. Necesitamos tiempo, que solo se adquiere con medidas valientes de reforma fiscal, laboral y del sistema financiero. No vale lamentarse de los efectos de males ajenos como Hungría, o de otros más serios como la acusación del Primer Ministro británico a su predecesor de deslealtad. El gobierno está en la obligación inmediata de actuar sobrepasando las expectativas de los mercados. Tiene que ser capaz de sorprender. Es ya la única fórmula que nos resta para comprar el tiempo que España necesita si queremos evitar precipitarnos en el agujero de la asistencia internacional.

domingo, 6 de junio de 2010

ESTO VA EN SERIO


Cabe que nos encontremos al borde de algo realmente serio. Allí donde centremos nuestra atención, los síntomas que se aprecian son de fuerte deterioro de confianza. En términos financieros, se mide en tecnicismos propios de la jerga económica, como diferenciales del coste de la deuda frente a Alemania, o de los costes de asegurar nuestras emisiones contra el riesgo de impago. Son solo formas en las que se manifiesta en tiempo real el deterioro de las constantes vitales de una economía. De nuestra economía. Y la economía es hoy la preocupación fundamental de los ciudadanos españoles. De todos los ciudadanos. Lo grave, es que tienen razón nuestros compatriotas para estar preocupados. Ya no se puede ocultar a nadie que España se enfrenta a un escenario de enorme complejidad.

Prácticamente agotado según unos, o dilapidado según los más críticos, el margen de maniobra de la política económica, nos quedan cada vez menos recursos para evitar convertir a España en una economía subsidiada y tutelada por nuestros socios europeos. A la luz de los riesgos que los indicadores financieros advierten esta semana, ya no hay margen para el error, y por supuesto menos aún para la demagogia. Puede que la política sea el arte de lo posible, pero estamos cerca de necesitar de la política lo que hace apenas semanas parecía imposible. Si el gobierno, que es a quien corresponde tomar decisiones en un entorno de fuerte desconfianza, no gestiona eficazmente el escaso capital de credibilidad que le resta, de poco servirá que acuse a supuestos especuladores, porque habrá perdido definitivamente el control de nuestro inmediato futuro económico. Si tal circunstancia ocurre, el panorama que nos espera es cuando menos sombrío.

No conviene engañarse en esto. Pero incluso tampoco conviene engañarse respecto a la posibilidad de que estemos a tiempo de un gran acuerdo nacional entre los dos grandes partidos. Es momento de acelerar las reformas comprometidas, de cumplir los compromisos alcanzados, y demostrar a los acreedores que pueden seguir prestándonos su dinero. Hemos llegado tarde, y ahora tenemos que darnos prisa. La debilidad del euro, la reacción de los mercados al nuevo episodio de incertidumbre desatado por Hungría, cuyo recién estrenado gobierno acusa de manipulación de las cuentas públicas al anterior, se suma a la sequía que de nuevo se adueña del mercado interbancario. Volvemos a una situación similar a los peores momentos del estallido de la crisis tras la quiebra de Lehman Brothers, pero en este caso en su versión más española. Esto nos da una idea de las consecuencias del precioso tiempo perdido.

Pueden no haberse cerrado aun todas las puertas, pero si las circunstancias finalmente nos sobrepasan, estaremos ante un nuevo fuerte ajuste económico y social, que será el precio a pagar por la ausencia de rigor en política económica del gobierno.

viernes, 14 de mayo de 2010

SALTANDO EN MARCHA




No es extraño que los mercados corran como pollos sin cabeza. El Ibex se deja el viernes los dientes en el parqué, incluso después de que el Gobierno anunciase lo que medios políticos y económicos han denominado "el recorte de derechos sociales más importantes de la historia de nuestra democracia". Golpe de timón en España, pero solo después de que los dos principios básicos de la Unión Económica y Monetaria Europea hayan sido dinamitados. ¿Cuales son? Seguro que los conoce. El primero, que los países miembros han de ser responsables de sus propias finanzas. El segundo que el BCE solo es responsable de la política monetaria. Ambos han sido ampliamente revasados.

La Unión Monetaria se ha salido de la autopista y ahora circula a oscuras por campo abierto. Muchos son los pasajeros que están saltando de sus vehículos a la mínima oportunidad, y más velozmente de aquellos que se supone que pueden estar más averiados. No nos extrañemos que sea el caso de España. Le siguen otros, pero basta un vistazo al ranking de los índices bursatiles europeos al cierre del viernes, y se puede tener buena idea de que vehículo saltan más atropelladamente los pasajeros.

Quizá por vivir en la oscuridad permanente, algunos responsables políticos pueden no ser conscientes de que el euro, que es la expresión final del vehículo común, ha abandonado sus principos fundacionales. Puede entenderse que desde Estados Unidos, figuras respetadas como el Ex Presidente de la Reserva Federal Paul Volcker se refieran a la posible desintegración del euro. Incluso que lo haga el máximo ejecutivo de uno de los fondos de inversión más respetados. Lo que no cabe entender, es que la tarde del viernes se haya consumido en medio de rumores, desmentidos y "no coment" sobre recientes amenazas del Presidente francés de abandonar el euro. Si esa filtración, como parece deducirse de la información publicada por el diario El País, se hizo desde España, y en concreto desde círculos próximos al Gobierno, no le arriendo la ganancia al Presidente. El saldo de la sesión es un euro en caida libre, la convocatoria de urgencia del G7 este fin de semana, y la seguridad de nuevas medidas extraordinarias antes de la apertura de los mercados el próximo lunes. Ahora si convendría decir aquello que gustaba decir nuestro Presidente del Gobierno. Buen fin de semana, y buena suerte.




Este artículo ha sido publicado en Diario Crítico.

¿PORQUE EMPEZAR POR EL FINAL?


Hay ocasiones en las que uno no se siente especialmente orgulloso de sus colegas de profesión. Aunque entre ellos estén algunos amigos. Cuando el miércoles abundaban, con más o menos matices, las reacciones de alabanza a las medidas anunciadas por el Presidente en el Congreso, francamente, fue un mal rato. Imposible no pensar en que intereses defendía cada uno. En unos casos se revelaban evidentes. En otros, simplemente parecían aliviados porque otros cargaban con el mochuelo que, de momento, salvaba sus trabajos. No era para sentirse orgulloso. Estaba empatando el Atlético de Madrid, y llaman de Radio Mitre de Buenos Aires. Querían alguien que opinase en contra de las medidas. No me extrañó que no lo encontrasen. Lo pensé unos segundos; 48 años sin ganar una final era demasiado tiempo; “Lo siento, yo también estoy a favor”. Con un punto de mala conciencia, me dispuse a seguir confiando en que esta vez sí.

Así como participo de la alegría de los sufridos atléticos, no entiendo demasiado lo que celebran los mercados. Y menos entiendo lo que celebran los analistas. Dice en su columna de Financial Times Martin Wolf que “los mercados financieros alimentaron la orgía y ahora se niegan a financiar la limpieza” para después añadir “los gobiernos (…) al insistir en que no habrá impagos, están protegiendo al sistema financiero de su estupidez”. Quizá porque son muchos los analistas que sirven a un sistema financiero estúpido, están satisfechos de que otros paguen la cuenta. Incluso pueden llegar a creer que el Gobierno ha actuado llevado por el arrojo y la pericia. Si así fuese, ¿cómo es que ha empezado por el final?

La única respuesta que cabe, es que algo importante ha de estar gestándose en la Unión Europea. Y ha de ser a considerable velocidad, porque al menos yo, no sé ni en que consiste el plan del domingo, ni de donde van a salir los 750.000 millones de euros que dicen que van a emplearse en el rescate de la UME. Algo ha de haber tras la velocidad a la que el Tribunal Constitucional alemán rechazó la demanda de inconstitucionalidad por la ayuda a Grecia, o del vertiginoso anuncio francés de congelación del gasto público, o de la reacción de pánico del miércoles del Gobierno español.

Simplemente, cualquiera que conozca un poco las AA.PP. sabe bien la cantidad de fugas que padece. Y no hace falta hablar de robar. Pero se ve que no hay tiempo, y por eso el Gobierno empieza por el final. Atragantándose. ¿Cómo puede celebrarse una solución que no es solución? ¿Quien celebra que funcionarios y pensionistas paguen las cuentas de los bancos, que tanto dinero han ganado empantanados en deuda pública? Así que puedo llegar a entender lo que me decía ayer un buen amigo que a modo de descargo se confiesa “rojo”: “¡A la Bastilla!”. La verdad, prefiero esperar a la no nacida respuesta en gestación.

martes, 11 de mayo de 2010

NO CABE ESCONDERSE


Con la vista puesta en Portugal y sobre todo en España, podemos felicitarnos porque acabamos de salvar una situación extrema. Estábamos ante lo que ofreciendo todos los síntomas de ser una grave crisis de liquidez a corto plazo, amenazaba con hacer real la posibilidad de una crisis de solvencia a largo plazo. La confianza de los inversores internacionales en España estaba deteriorándose a un ritmo alarmante. Vista la reacción de los mercados ayer lunes, todo apunta a que la intervención de la Unión Europea, conjuntamente con el Banco Central Europeo ha servido para frenar el acelerado deterioro que amenazaba con arrastrarnos a una situación similar a la que ahora padece Grecia, cuyo destino depende ya casi en exclusiva de la ayuda de sus socios europeos.

Como ciudadanos, la intervención que está teniendo lugar en los mercados financieros desde la mañana de ayer, no puede sino reconciliarnos con las instituciones europeas, porque, al menos de momento, ha evitado que nos encontrásemos más pronto que tarde en serias dificultades financieras. Nuestra deuda bruta, tanto pública como privada, estimada en cerca de 3 veces el valor de nuestro PIB precisa de ser renovada periódicamente por parte de unos inversores extranjeros de cuya confianza dependemos, y a quienes debemos ofrecer garantías suficientes de que seremos capaces de hacer frente a nuestros compromisos. Esa confianza se estaba perdiendo aceleradamente, acentuándose a la par que el Gobierno anunciaba largas listas de medidas, discutidas en el mejor de los casos, eludiendo sin embargo aspectos tan críticos como la reforma de uno de los mercados de trabajo más injustos e ineficientes entre los de las economías desarrolladas.

Tras lo ocurrido este fin de semana, y la inicial reacción de los mercados, el Gobierno no podrá seguir escondiéndose. Cabe que vuelva a caer en la tentación de culpar a los mercados financieros, pero ahora, ya no solo rinde cuentas ante las urnas, sino que también ha de hacerlo ante sus socios en Europa, a los que habrá de convencer de que España merece el crédito que poco a poco al principio, y aceleradamente estos últimos días, estábamos perdiendo.
La oportunidad de colocarse ante la opinión pública para explicarle lo que hasta la fecha se le ha venido disfrazando como una crisis ajena a este Gobierno, se da ahora. En lugar de excusarse tras las medidas europeas, la responsabilidad de nuestros gobernantes les exige aprovechar que las circunstancias nos están ofreciendo una segunda oportunidad, de la que por si solos no hubiésemos disfrutado. Con el respaldo de la Unión Europea, tiene este Gobierno, la que posiblemente es su última oportunidad para reconducir la situación de la economía española. Si la desaprovecha, será evidente para todos, no ya su falta de voluntad, sino una manifiesta falta de capacidad.

domingo, 29 de noviembre de 2009

¿MALVADO ó ESTÚPIDO?


Cada vez que un nuevo banco norteamericano quiebra, un mensaje llega a mi correo electrónico. Cincuenta mensajes solo en el tercer trimestre. Superan 150 los bancos quebrados desde el inicio de la crisis. Quedan más de 8.000. Según la consultora Foresight Analitics, cerca de 60 entidades quebrarán en el último trimestre. Y la cifra seguirá subiendo. Las estimaciones más recientes del FDIC (equivalente norteamericano a nuestro Fondo de Garantía de Depósitos), son que 552 entidades están en la lista de posibles quiebras, y es que en el tercer trimestre, un 27% de las entidades declararon pérdidas, es decir, que más de 2.000 bancos perdieron dinero el último trimestre. Deficiente control del riesgo, fallos en la regulación... En medio de este panorama, y cuando todavía tiene que llegar la segunda oleada de quiebras con origen en el sector inmobiliario no residencial, el Presidente de la Reserva Federal, en un movimiento inusual, se ve obligado ayer a salir a los medios de comunicación a expresar al tiempo su culpa, pero también su preocupación, por la amenaza del Congreso de retirar poder supervisor a la institución.

Así que mientras los norteamericanos andan a vueltas con el pasado, tratando de extraer lecciones para el futuro, en España, lo que ocupa es el ultrafuturo. Es decir, el anteproyecto de ley de Economía Sostenible. No es de extrañar que en la editorial del suplemento de Negocios del diario El País de ayer, se diga algo parecido a aquello de “es el paro, estúpido”. Y es que parece que estemos ante un caso del tipo de gobierno malvado al que el economista alemán Juergen Donges se refería en una conferencia el pasado jueves en la Fundación Rafael del Pino, para calificar a aquellos que practican una política de palabras vacías y tierra quemada.

En la economía española, el deterioro de la demanda doméstica alcanza niveles que no tienen igual en los países de nuestro entorno. Mientras nuestro PIB pierde algo menos que el de algunos de nuestros vecinos, el desplome de la demanda, más que dobla el del PIB. Tal es la contracción, que los consumidores, han elevado a niveles record su tasa de ahorro sobre la renta bruta disponible. Y ese ahorro, que cabría ser destinado en un futuro menos gris al consumo, y por lo tanto a acelerar la recuperación, no aparece en las estadísticas de incremento de depósitos. Es como si se evaporase. La única explicación razonable es que los consumidores están utilizando ese ahorro para “desapalancarse” es decir, para hacer frente a sus deudas reduciendo el saldo vivo de crédito del sistema. Por las buenas y por las malas. Las últimas estimaciones son que el saldo vivo cae este año en 20.000 millones de euros. Puede creer el Gobierno que tendrá suerte, y que entremos más o menos pronto en zona de crecimiento cero. Cabe también que la tasa de desempleo deje de crecer exponencialmente. Entre las tres posibilidades, mentiras, verdades o estadísticas, es esto último. Y es que si cae más a prisa la población activa que la ocupada, parecerá que no aumenta el paro. No hace falta ser tan pesimista como el bloggero Marc Vidal, cuya entrevista en TV3 es No Apta, para saber que si no hay una pronta concentración de esfuerzos, necesariamente liderada por el Gobierno, para acometer una reforma del mercado de trabajo estamos condenando a millones de personas a una economía de subsistencia. Esperando, nos entretenemos con Dubai. Dice Mauldin que si el fondo soberano de Abu Dhabi, con 650 MM $, emite un pequeño cheque, hace desaparecer el problema. Ni esto rescatará al dólar, ni hundirá las bolsas. Otros, quizá sí.