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lunes, 28 de marzo de 2011

LO QUE GUSTA OIR


Sorprendente. La semana en la que Moody´s rebaja la calificación de 30 entidades financieras y coloca a la deuda de tres de ellas (Banco de Valencia, Caixa Catalunya, y Banco Pastor), el cartel de bono basura, la lectura de la prensa en general y de la económica en particular, deja una sensación del tipo, “hemos superado lo peor”. Bienvenido sea. Incluso, algunos de los líderes empresariales de los que se reunieron el sábado con el Presidente del Gobierno, le recomendaron no adelantar el final de la legislatura. “Continúe, que lo está haciendo bien” parece el mensaje. Así que, mientras Moody´s dice que el principal motivo para un varapalo sin precedentes a nuestro sector financiero radica en la menor capacidad de apoyo del Estado en caso de dificultades, algunos de los grandes empresarios celebran que estamos mejor que en noviembre, y eso que no hay que ir muy lejos para encontrar cuando alguno decía en privado que una mora superior al 5% sería una catástrofe de difícil solución.

Veremos hasta donde llegan estos buenos ánimos, que menos es nada, porque es solo un poco más que nada lo que se puede encontrar a la hora de lo concreto. Ni en las conclusiones del encuentro gobierno-empresarios, ni en las conclusiones de la cumbre europea se adivinan los pilares del renacido optimismo. Pero la apariencia es que las cosas marchan, y aunque cuesta entenderlo, celebrémoslo. Además de las 30.000 becas que parecen dispuestos a ofrecer a los jóvenes los macro empresarios, lo único que se puede encontrar entre lo que puede ser de verdad noticia en materia de reformas, es el anuncio del Presidente del Gobierno de vincular –se entiende limitar- el gasto público al crecimiento potencial del PIB, y que aunque va en la línea de la consolidación fiscal que se ha autoimpuesto Alemania y que exigía también a sus socios, no es lo mismo, pues una cosa es exigir por ley el equilibrio fiscal anual, y otra es poner un techo al gasto fiscal en función del PIB potencial de largo plazo, que es por donde parece que va el Gobierno.

El caso es que en una semana que podría haber sido durísima, -caída del Gobierno portugués, revisión masiva de calificaciones, incumplimiento del compromiso sobre la negociación colectiva, y muy poco concreto en la cumbre de la UE-, pocas ocasiones ha habido, desde los ya lejanos meses de 2009 donde se habló de brotes verdes, en las que se respirase el alivio que parecen compartir, inversores, gobierno, y grandes empresarios. “España no será rescatada” titula un artículo este fin de semana un profesor de ESADE. Cumplir con el 6% de déficit. Es ese el nudo gordiano por el que respira el euro. Mientras España cumpla, España se salva, y el euro se salva. Así parece que han quedado asentadas, provisionalmente asentadas, las cosas esta pasada semana. Y puede que en poco tiempo se acepte como normal la renegociación de la deuda griega e irlandesa, con su correspondiente quita, y hasta puede que entonces la atención se dirija al dólar y a quien comprará su deuda. Y es que aunque algunos quieren resucitar a Keynes, ahora, lo que mejor se paga, es decir aquello que gusta oír.

viernes, 14 de mayo de 2010

¿PORQUE EMPEZAR POR EL FINAL?


Hay ocasiones en las que uno no se siente especialmente orgulloso de sus colegas de profesión. Aunque entre ellos estén algunos amigos. Cuando el miércoles abundaban, con más o menos matices, las reacciones de alabanza a las medidas anunciadas por el Presidente en el Congreso, francamente, fue un mal rato. Imposible no pensar en que intereses defendía cada uno. En unos casos se revelaban evidentes. En otros, simplemente parecían aliviados porque otros cargaban con el mochuelo que, de momento, salvaba sus trabajos. No era para sentirse orgulloso. Estaba empatando el Atlético de Madrid, y llaman de Radio Mitre de Buenos Aires. Querían alguien que opinase en contra de las medidas. No me extrañó que no lo encontrasen. Lo pensé unos segundos; 48 años sin ganar una final era demasiado tiempo; “Lo siento, yo también estoy a favor”. Con un punto de mala conciencia, me dispuse a seguir confiando en que esta vez sí.

Así como participo de la alegría de los sufridos atléticos, no entiendo demasiado lo que celebran los mercados. Y menos entiendo lo que celebran los analistas. Dice en su columna de Financial Times Martin Wolf que “los mercados financieros alimentaron la orgía y ahora se niegan a financiar la limpieza” para después añadir “los gobiernos (…) al insistir en que no habrá impagos, están protegiendo al sistema financiero de su estupidez”. Quizá porque son muchos los analistas que sirven a un sistema financiero estúpido, están satisfechos de que otros paguen la cuenta. Incluso pueden llegar a creer que el Gobierno ha actuado llevado por el arrojo y la pericia. Si así fuese, ¿cómo es que ha empezado por el final?

La única respuesta que cabe, es que algo importante ha de estar gestándose en la Unión Europea. Y ha de ser a considerable velocidad, porque al menos yo, no sé ni en que consiste el plan del domingo, ni de donde van a salir los 750.000 millones de euros que dicen que van a emplearse en el rescate de la UME. Algo ha de haber tras la velocidad a la que el Tribunal Constitucional alemán rechazó la demanda de inconstitucionalidad por la ayuda a Grecia, o del vertiginoso anuncio francés de congelación del gasto público, o de la reacción de pánico del miércoles del Gobierno español.

Simplemente, cualquiera que conozca un poco las AA.PP. sabe bien la cantidad de fugas que padece. Y no hace falta hablar de robar. Pero se ve que no hay tiempo, y por eso el Gobierno empieza por el final. Atragantándose. ¿Cómo puede celebrarse una solución que no es solución? ¿Quien celebra que funcionarios y pensionistas paguen las cuentas de los bancos, que tanto dinero han ganado empantanados en deuda pública? Así que puedo llegar a entender lo que me decía ayer un buen amigo que a modo de descargo se confiesa “rojo”: “¡A la Bastilla!”. La verdad, prefiero esperar a la no nacida respuesta en gestación.