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lunes, 9 de octubre de 2017

UNA CRISIS, DIFERENTES PLANOS

El Bono del Tesoro español a 10 años registró en la primera semana tras el referéndum en Cataluña un alza de 12 puntos básicos, apenas nada si hubiésemos de valorar por esto el grado de preocupación del mercado. Para algunos gestores, el nivel de confianza en España es tal, que según uno de los Directores de BlackRock, esto ofrece la oportunidad de comprar algo más barato “el mejor relato de Europa”, y así parece que se comportaron.  



Que The Economist lleve esta semana el caso catalán a su portada europea bajo el título “Punto muerto: Como salvar España” parece situar la crisis en dos planos bien diferentes, uno de extrema gravedad institucional y otro de muy leve impacto en los mercados financieros que se resisten –por ahora-  a creer que sea posible que se repitan episodios como los de Eslovaquia en 1993, Montenegro en 2006 o Kosovo en 2008, con las diferencias evidentes de importancia y tamaño que supone una crisis de este tipo en una de las grandes economías de la eurozona. “Es un problema local, que afecta a bancos locales y activos locales que pueden verse algo afectados, pero no es una amenaza para el euro” decía el viernes el estratega jefe de JP Morgan. Mientras, EPRF Global, una compañía que registra movimientos de capitales señalaba que en la semana hasta el 4 de octubre, se había registrado la mayor salida de capitales de fondos destinados a valores españoles en más de tres años. A su vez, algunas gestoras españolas relataban que al final de la semana se había producido una avalancha de apertura de cuentas como no habían conocido.


Es evidente que la crisis está actuando en diferentes planos y que incluso en los mercados financieros las percepciones difieren entre los ahorradores domésticos y los internacionales, lo que nos anuncia que estamos lejos de que los mercados hayan recogido en sus cotizaciones el impacto más agudo de la crisis. Aunque no puede juzgarse más que por indicios, a nadie debería de sorprender que haya sido la retirada de fondos de Banco Sabadell y Caixabank la que finalmente haya llevado a las dos entidades a anunciar un cambio de domicilio social, que de otro modo podía conducir a una crisis de liquidez como la padecida por el Banco Popular.  Está por escribir la historia de los últimos meses de la crisis que desencadenó la desaparición del Popular, pero en sus últimas fases vino fundamentalmente provocada por conflictos de interés entre accionistas, culminando con una decisión política en la que el MUR no tuvo otro papel que el de mero aceptante de lo que se decidió desde el Gobierno español.  La peculiar resolución de la crisis bancaria italiana y el supuesto rescate encubierto de un gran banco alemán, dejaban el camino expedito para que la crisis del Popular tuviese una solución aceptable políticamente.  Incapaz de digerir bocados del tamaño de los dos bancos catalanes, su cambio de sede aleja el temor a una crisis bancaria para la que nadie está ni remotamente preparado.  

Ha sido mucho lo que hemos aprendido de crisis bancarias en la última década como para saber diferenciar los distintos niveles de riesgo que cada uno soporta en función de donde y en que instrumento deposita sus ahorros, pero a pesar de mayor y más compleja regulación, la desconfianza en las autoridades políticas por su discrecionalidad a la hora de aplicar e interpretar las leyes se manifiesta con tal rapidez, que lo que se inicia como una crisis institucional con un moderado impacto financiero, muta velozmente en una crisis bancaria de graves consecuencias. La crisis territorial española es de muy compleja solución y hay que tener una enorme fe, quizá en la frontera de la insensatez, para retirase a dormir cada día con la confianza de que será el sistema el que nos proteja. Pruebas hay suficientes de lo contrario.

jueves, 4 de mayo de 2017

EL JUEGO CONTINUA





Lo contrafactual, término al que recurrimos cuando ante una disyuntiva que se aventura crítica, el resultado cae del lado previsto y nos perdona el escenario alternativo cuyas consecuencias imaginamos muy diferentes a las del acontecimiento fáctico. Con las encuestas bajo sospecha, es obligado desconfiar, y de ahí el alivio cuando lo factual coincide con lo previsto. El euro, que ya todo el mundo sabe que tiene un futuro que exige un enorme esfuerzo de compromiso político para sobrevivir, salva con el resultado de esta primera ronda presidencial francesa,  una bola de partido y puede seguir jugando. Proyecto político inconcluso, la política tiene que consolidarlo o la política lo destruirá. Del mismo modo que sociedades democráticas avanzadas han llegado a aceptar,  con aparente normalidad,  la reaparición de la xenofobia organizada y de la demagogia populista como movimientos políticos con capacidad de alcanzar el gobierno, cada vez es más aceptado que el euro, único elemento que visualiza para los ciudadanos de toda condición el sueño de una Europa sin fronteras, es cada vez menos el tótem irreversible que durante un tiempo se consideró, para ser el elemento en el que seguir anclando ese sueño.
Los ataques sobre el euro de los populismos radican en el conocimiento cierto de su vulnerabilidad, acentuada por la desconfianza alemana y por lo frágil del contrapeso francés, reiterado a lo largo de la historia del euro y en particular con ocasión de la estrecha victoria del “si” en el referéndum sobre el Tratado de Maastricht en 1992 y con la igualmente estrecha victoria del “no” que en mayo de 2005 enterró el proyecto de Constitución Europea.  Nunca entendido desde los EE.UU. donde el concepto de Europa no logra arraigar, y no solo en las estrechas mentes de los neomercantilistas que habitan en la actual administración republicana, sino en las mentes supuestamente mejor amuebladas de economistas de derechas y de izquierdas que pueblan un universo intelectual norteamericano y que cuestionan el euro, incluso para llegar a considerarlo como una amenaza para el futuro de Europa.  Es lo que defiende en su última obra el nobel Stiglizt, cuyos puntos de vista fueron enfrentados por el que fue Comisario Europeo de Competencia en un debate que tuvo lugar hace unos meses con ocasión de la presentación de la obra en Madrid y que sirvió para poner de manifiesto que las aparentes discrepancias no son tales si se deja espacio para que la voluntad política cierre las brechas que desde su creación acompañan al euro. La fatiga por el esfuerzo de cerrarlas es la amenaza para uno y la tarea pendiente para otro. Contando entre poco y nada con una Administración norteamericana que entiende el devenir del comercio internacional alejado de cualquier multilateralismo y centrado en un bilateralismo de corte mercantilista propio del siglo XIX y que considera los desequilibrios comerciales entre países como una anomalía grave a corregir, el futuro del euro es algo exclusivamente europeo, y ha de ser la política europea la que lo salve o la que lo entierre. Está todavía lejos de sostenerse por sí sola la moneda europea, que se juega todo en estas elecciones presidenciales francesas.

Llegarán después otras citas electorales, Italia, Alemania,… pero es Francia el contrapeso a una posición alemana remisa a aprovechar su enorme superávit por cuenta corriente para adoptar el papel de gran locomotora de la demanda agregada de la eurozona, condenado las expectativas de una parte importante de la población europea que se aleja a una velocidad preocupante de las posiciones políticas que han sido la base del progreso europeo que siguió a la IIGM. Salvada esta bola de partido, lo celebrará el euro, pero el juego continúa.

martes, 6 de julio de 2010

UNA DE PRONOSTICOS


Nadie dijo que esto de hacer pronósticos resultase cosa fácil. Cabe preguntarse incluso hasta que punto es útil, pues no es infrecuente que las decisiones sobre hacer o no hacer, dependan en gran medida de si quien decide, asume que ocurrirá esto, o esto otro. Es algo que poco a poco va dejando lugar a herramientas de control de riesgos, creo que más útiles y fiables, pero ¿como renunciar a algo tan atractivo como dar con la fórmula que nos permita adivinar el futuro?

Surge estos días la duda. Después de semanas en las que ha sido preciso poner el 150% de la atención en la zona euro, la temperatura europea baja algún grado, y el interés se desplaza a los EE.UU. Al fin y al cabo, ya hay allí cierto camino recorrido en búsqueda de la recuperación auto sostenida y algún balance parcial parece estar preparándose.

Cualquiera que siga a Paul Krugman, Premio Nobel de Economia 2008 y conocido por su columna de NYT, ha podido leer el despiece que con ocasión del informe de empleo de junio hacía sobre el estado del mercado de trabajo en su columna del 4 de julio. Cinco aspirantes por puesto. Medias de 35 semanas en desempleo. Y un llamamiento para que se extienda el subsidio. Y no es este uno de sus discursos más pesimistas. Ayer mismo insistía en el grave error de pronóstico de los que como el Presidente de la FED advertía en la primavera de 2009 que un horrible repunte en los precios nos esperaba a la vuelta de la esquina.

Podíamos quedarnos en la crítica de Krugman a las dotes adivinatorias de Bernanke, pero ayer mismo NYT registraba entre los artículos más enviados el que recogía los pronósticos de Robert Prechter, un veterano del análisis técnico, especialista en la teoría de Elliot, y considerado hace años “Gurú de la década” por la actual CNBC. En su opinión, estamos ante una fase bajista de los mercados de proporciones asombrosas, la mayor en 300 años. En sus cálculos, el Dow Jones, ahora cerca de 10.000, caerá por debajo de 1.000 en cinco o seis años.

Con semejantes antecedentes, me permito arriesgar un pronóstico bastante más modesto, y que hay que tomar en su dosis prudente: Podemos estar a las puertas de un repunte más fuerte del euro frente al dólar. Esta recuperación puede devolvernos durante un tiempo a valores de los 1,30. Ni mucho más, ni mucho tiempo. El resultado de lo que hemos llamado “órdago español” es clave. Para que nadie se lance sin paracaídas -en verdad nadie lo hace-, hay que atender a valores en la zona 1,26-1,28. Es tras ellos donde se esconden los 1,30-1,35. Después volveremos a hablar de 1,20 y de 1,16. Si tomamos en serio a Prechter, mucho más. Hay que preparar la eventual oportunidad; por si llega. Coinciden en advertir analistas técnicos más modestos en sus pronósticos, que vigilemos el S&P 500. El día que pierda los 1.000-1.040 puntos, se acabó. Aparecerá una espiral negativa que se llevará tras si al euro/dólar. Veremos.