
Tras previo paso por Vigo, invitado allí por la Fundación Barrié de la Maza, la Fundación Rafael del Pino contaba ayer en Madrid con la presencia del Nobel de Economía 1995, el norteamericano Robert E. Lucas. Pronunciaba la decimotercera conferencia del ciclo “Enseñanzas de la crisis”. A punto de cerrar el ciclo, la Fundación ha hecho pasar por esta serie a la mayor parte de los economistas más importantes del mundo. Representan líneas de pensamiento distintas, pues en poco coincide el propio Lucas con Akerlof (premio Nobel de Economía 2001), que también pasó por la institución al inicio del ciclo. Poco amigo de la intervención del Gobierno en la economía es el primero, algo que sin embargo defiende como necesario el segundo. Mientras el primero habla de expectativas racionales, el segundo lo hace sobre los mercados asimétricos. En mi experiencia, en lo que todos suelen coincidir con otros de sus laureados colegas y profesores, es en lo poco que les cuesta afirmar no tener criterio cuando son preguntados sobre áreas económicas en las que no se consideran expertos. Sorprende esa coincidencia. Casi tanto, que a la hora de expresar una opinión, incluso sobre aquello que uno cree conocer un poco, teme ser un diletante, adjetivo que según la RAE se aplica a aquellas personas que gustan de hablar sobre temas científicos y artísticos, sin capacidad ni conocimiento.
Antes que cargo público, fue también profesor el Presidente de la FED. Con fuerza criticó a los japoneses por incapaces en una famosa conferencia pronunciada en 1999. Hoy es prisionero de aquellas palabras, cuando definió la política japonesa como confusa, incoherente y demasiado cauta. No pueden decirse del profesor Bernanke, que sea un diletante. Al contrario. Se le considera una autoridad mundial en la Gran Depresión, periodo de referencia en cualquier análisis sobre la crisis actual. Dicho sea de paso, no se mostraba ayer Lucas muy confiado en que la llamada QE2 vaya a servir para algo. Cree que la FED quiere crear inflación para después frenarla. Eso, traducido en tipos de interés, y en mi modesta interpretación de lo que ayer escuché del Nobel, significaría que en algún momento más o menos próximo, la política de la FED implicaría que los tipos de interés habrían de subir con fuerza. ¿Hasta que punto es diez años después el Presidente de la Reserva Federal prisionero de sus descalificaciones a las autoridades japonesas?
Quien parece prisionero es el nuevo Ministro de Trabajo. Su asistencia a la manifestación contra la reforma laboral, es ahora motivo de crítica, pues ha de administrar su aplicación. He tenido ocasión de coincidir con él. La última vez fue la pasada semana en RNE. El director del programa nos citó a ambos para hablar sobre el mercado de la vivienda. Nada me hizo sospechar entonces que en aquel “péndulo” debatía con quien en breve se sentaría en sillones más acolchados. ¡Que haya suerte, Ministro!
Quien parece prisionero es el nuevo Ministro de Trabajo. Su asistencia a la manifestación contra la reforma laboral, es ahora motivo de crítica, pues ha de administrar su aplicación. He tenido ocasión de coincidir con él. La última vez fue la pasada semana en RNE. El director del programa nos citó a ambos para hablar sobre el mercado de la vivienda. Nada me hizo sospechar entonces que en aquel “péndulo” debatía con quien en breve se sentaría en sillones más acolchados. ¡Que haya suerte, Ministro!


