miércoles, 31 de enero de 2018

CAPITULACIÓN


Es raro que los mercados lleguen a cotizaciones o valoraciones tales que las expectativas sean tan ampliamente compartidas como para considerar que la tendencia es alcista o bajista sin discusión. Unos y otros se reparten en base a la función de distribución normal  (50/50) y solo en ocasiones muy concretas, aquellos que no han participado de las ganancias, pierden la voluntad de seguir apostando contra la tendencia y se suman a la visión contraria a la que hasta ese instante defendían, en un fenómeno que se conoce  con el nombre de capitulación. Para ello, han de darse unos fundamentales a los que poder entregarse, y un movimiento del mercado lo suficientemente intenso como para que la resistencia a admitir el cambio pronóstico sea finalmente vencida.

Lo ocurrido con el dólar en las últimas sesiones podría revestir características suficientes como para poder considerar que estamos ante un fenómeno de este tipo. Semejantes situaciones preludian la fase final de una tendencia, que los seguidores de la teoría de las Ondas de Elliot relacionan con la tercera y final onda expansiva de un ciclo total de cinco, tres expansivas en medio de las cuales se producen dos correctivas.

Para los más reticentes a aceptar su debilidad, la afirmación del Secretario del Tesoro norteamericano de las bondades de esta debilidad del dólar encendió todas las alarmas, y ni siquiera el intento de reparación del presidente de los EE.UU. poco después, pudo servir para algo más que frenar el entusiasmo con el que estos días se ha estado vendiendo el dólar, algo que según los datos de los que se pueden disponer en un mercado que es fundamentalmente telefónico, está atrayendo en enero un volumen de actividad inusitadamente alto, probablemente porque lo que ocurre al dólar es de las pocas tendencias que se muestran evidentes en un tiempo en el que para obtener buenos rendimientos de las inversiones se aceptan comportamientos más arriesgados y menos estructurados de los que se exigirían en un proceso de capitulación que se registrase en entornos donde el abanico de las alternativas fuese más amplio. Si esta fuese la interpretación correcta, el dólar estaría pronto a encontrar su suelo y su tendencia de debilidad habría de comenzar pronto a revertirse.

El entorno actual es exigente cuando se trata de buscar rentabilidad, animando a asumir riesgos más altos, forzados por las altas valoraciones que registran todos los activos en razón de un ciclo expansivo que es el segundo más largo y el tercero más fuerte desde hace 70 años. Ni siquiera se ha producido una corrección superior al 5% en los últimos 12 meses. Con un crecimiento global que se acelera, un riesgo de recesión que no se evalúa en más del 20% y sin grandes desequilibrios macroeconómicos, los inversores creen que pueden asumir un riesgo que en circunstancias de valoración similar difícilmente aceptarían. Esto justificaría que el comportamiento que vemos puede prolongarse, haciendo que el fenómeno de capitulación precise darse con mayor claridad como para que los grandes jugadores se animen a forzar un cambio de tendencia. Mientras los fundamentales no cambien y el estado emocional de optimismo invite a seguir asumiendo riesgos más allá de lo prudente, quedarse fuera es algo que muy pocos pueden aceptar, y aunque la capitulación puede haber comenzado, todavía hay que esperar a que culmine.  

lunes, 22 de enero de 2018

LA CALAMIDAD


Si nos quedamos en lo que ofrece la estadística en cuanto a la evolución de la economía mundial en general y la norteamericana en particular, nadie diría que hace un año que la primera potencia mundial está liderada por un presidente al que muchos consideramos una calamidad. No ha habido recompensa para los pesimistas y atendiendo a lo visto, tendrán buen cuidado de no repetir el error en 2018. La economía norteamericana acabará 2017 con un crecimiento del 2.3% frente al 1.5% de 2016, con una tasa de desempleo del 4.1% (estaba en el 4.8% hace un año), los salarios creciendo a un ritmo superior al 2.5%, la confianza de los consumidores al alza, los mercados de renta variable en máximos históricos, sin signos de una guerra comercial a la vuelta de la esquina y con una política fiscal expansiva, que aunque con un recorte de impuestos menor del que se anunció, -pretendía un Impuesto de Sociedades al 15% y se quedó en el 21%- todavía tiene que surtir sus efectos. Al menos el primer año de “la calamidad” se supera mucho mejor de lo que se esperaba y sobre todo con escasa agitación en el frente económico. Por fortuna, sus peores propuestas, particularmente las referidas a la restricción del comercio, no han sido aplicadas todavía, y ni el acuerdo de libre comercio con México y Canadá ha sido liquidado, ni las sanciones a China ni los aranceles con los que amenazaba a productos chinos y mejicanos han sido impuestos.

Esto no quiere decir que en otros aspectos sus decisiones sean inocuas y basta recordar el portazo al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), o su anuncio de retirada de Acuerdo de París sobre el cambio climático, o las decisiones tomadas en el campo de la inmigración que preludian una regulación muy restrictiva. Todas ellas son decisiones que afectan a la estructura económica a medio plazo y limitan el crecimiento potencial, reduciendo por lo tanto la capacidad de generar recursos siquiera para atender la ingente deuda generada durante los años de la crisis.

Podría argumentarse que la fuerte depreciación del dólar del último año es víctima de estos aspectos estructurales, pero ¿cómo relacionarlo entonces con el hecho de que el mayor índice bursátil norteamericano, el S&P 500, haya alcanzado estos días su mayor periodo continuado desde 1929 sin registrar siquiera una corrección del 5%?; exactamente 395 días, casi los mismos que hace que supimos quién llegaba a la Casa Blanca. Difícil argumentar algo así, salvo que queramos considerar que los mercados de divisas estén habitados por seres excepcionalmente visionarios. Posiblemente los argumentos para la debilidad del dólar radiquen precisamente en valoraciones comparables de activos que, en un mercado inundado de dinero barato, veía como los norteamericanos se volvían particularmente caros en relación a los europeos, y atraídos por un inesperado y positivo resultado frente a los pesimistas augurios que pronosticaban las encuestas de las elecciones celebradas en diversos países europeos en 2017, decidieron que ya bastaba con asumir el cambio de ciclo en el mercado de bonos norteamericano y que podían estar más a salvo si en lugar de liquidar bonos americanos y comprar bolsa americana, aprovechaban la debilidad del euro para comprar la –solo un poco- más barata bolsa europea.  La larga ausencia de correcciones, también en el mercado de divisas, no es algo que dure siempre. Y menos cuando quién está por medio es alguien tan complejo como “la calamidad”.  Veremos.       


viernes, 15 de diciembre de 2017

DE COMO TE CAMBIARA LA VIDA: EL ROBOT QUE VOTA.


Hacer pronósticos sobre el precio de cualquier activo financiero exige de herramientas, información, un buen análisis, experiencia, conocimientos técnicos, y confianza. Eso creemos. Cuenta la historia que, después de muchos años de consultor financiero, cuando Greenspan llegó a la presidencia de la FED creó un equipo para tratar de encontrar un modelo predictivo de la evolución del tipo de cambio del dólar. Debido a la falta de resultados, el equipo fue disuelto en pocos meses. Parecería entonces que los modelos econométricos no serían capaces de responder con un mínimo de eficacia, de modo que el algoritmo no podría con el hombre.  La llamada cuarta revolución tecnológica que llega de la mano de la inteligencia artificial seguro que devuelve la esperanza a los analistas más cuantitativos de mano de algún algoritmo y podría hacer real el sueño de Greenspan.

Que actualmente la mayor parte de transacciones bursátiles estén ejecutas a través de algoritmos informáticos, explica alguno de los cada vez más frecuentes episodios que conocemos como flash crash, donde en apenas minutos un índice o una divisa puede registrar variaciones tan violentas como las que estos días protagoniza el bitcoin. Algunos episodios, como el registrado por el Dow Jones el 6 de mayo de 2010 cuando entre las 14.42 y las 14.47 perdió 1.000 puntos y volvió a recuperarlos en los tres minutos siguientes, nunca han sido del todo aclarados. En otros, como el registrado en abril de 2013 donde en 60 segundos el mismo índice cedió 150 puntos, se debió a la toma de control de la cuenta de twitter de Associated Press por parte de hackers sirios donde se refería un ataque a la Casa Blanca y en el que el Presidente había resultado herido. Aclarado el fraude, las pérdidas se revertieron en los tres siguientes minutos. Hay más ejemplos, como el episodio que afectó al euro/dólar el 18 de marzo de 2015, pero lo que queda como resultado es que los programas informáticos compran y venden a una velocidad imposible para el ser humano. 

Son más rápidos, ¿pero más eficaces? Podría ser. En Mayo de 2014, una empresa de Capital Riesgo incorporaba a su consejo de dirección un algoritmo de nombre VITAL con derecho a voto, al igual que los otros cinco miembros del Consejo, acerca de la política de inversiones. Parece que VITAL ha venido sesgando su voto hacia inversiones que a su vez utilizan algoritmos. Hace apenas unos días, el primer ejecutivo de un grupo industrial me contaba que buscan socios con capacidad de desarrollar el negocio del algoritmo que han creado y que a través de un análisis de retina puede anticipar, con un ratio de error muy inferior al de cualquier humano, la aparición de graves enfermedades cuyo tratamiento preventivo las evita. Recordé entonces el caso de la actriz Angelina Jolie, o de la empresa 23andMe, fundada por una bióloga vinculada con Google  y que ofrece por 149 dólares un análisis de su ADN para detectar tempranamente los riesgos de su salud a la par que el origen de sus ancestros desde siglos atrás.  Se precisa mucha confianza para asumir que en el mundo del siglo XXI, el analista humano siga siendo útil ya no solo para efectuar predicciones económicas, sino incluso para ser útil a secas y poder  anticipar como los mercados pueden comportarse bajo la imparable influencia de los algoritmos.

Con el relativo alivio de que no es el trabajo de analista financiero el que aparece en la zona más alta de la tabla de probabilidad de profesiones que podrán desaparecer para un humano en el horizonte de 2033, -el 99% corresponde a agentes de seguros, y solo el 0,7% al de arqueólogo-,  cabe mantener la confianza para desde este modesto espacio seguir intentando mantener al menos una cabeza de ventaja en el ejercicio del pronóstico a la creciente presencia de los robots en los mercados financieros.



martes, 5 de diciembre de 2017

...DESDE EL MAR (Bitcoin exchange)


Permítame que le hable de mi ciudad. Al avanzar en este relato entenderá porqué. Representada desde 2007 por un alcalde singular que tiene la pretensión de pasar a la historia como su mejor edil , nos encontramos a la entrada de su Ria con las Islas Cíes, archipiélago que forma parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas y que constituyen su atractivo turístico más conocido. Quizá lo justifique que, según el diario The Guardian, la mejor playa del mundo esté en las Cíes. La conservación del Parque llevó a la Xunta a limitar el número de visitas.  Obtener una de esas plazas es uno de los mayores objetos de deseo de quienes la visitan. Su industria pesquera -es uno de los principales puertos pesqueros del mundo-,  los astilleros, la fábrica de Citroën y el comercio han sido sus tradicionales motores económicos. La ciudad ha sufrido con fuerza una sucesión de crisis de la que muy lentamente trata de recuperarse.

En uno de sus barrios más populares de nombre El Calvario, imagino que porque se encuentra en la parte más alta de la ciudad, en el otro extremo del área portuaria y por tanto alejado de la zona habitual de los visitantes, me di de bruces con el protagonista de este relato. No disponía de demasiado tiempo y por lo tanto mi observación se limitó a hacer algunas fotografías. En un tiempo donde el crecimiento del e-comerce amenaza a los locales comerciales, en un barrio obrero de una ciudad industrial,  lejos del circuito de esa otra industria en expansión que es el turismo, allí estaba, en una esquina bien iluminada, un local de no menos de 100 m2 con evocaciones de joyería. Con algo similar a un cajero automático en su puerta, el cartel en relieve despejaba cualquier duda “Compra-Venta de Criptodivisas”. Al modo de esas películas donde el actor desciende de la pantalla para aterrizar en el mundo real, en tan singular lugar de Vigo se había producido la materialización de una contra-tendencia. Uno de los iconos del mundo online que más espacio está ganando en la prensa mundial, el bitcoin, se pasaba al mundo offline. Por si las dudas, el cartel “Bitcoin Exchange” lucía en la otra esquina. ¿Una flagship store quizá? ¿la obra de un lunático? ¿una cadena mundial? ¿un negocio emergente? ¿quién está detrás? No tengo respuesta porque mi avión salía en 50 minutos, pero tengo apetito por saciar mi curiosidad. En pocas semanas regresaré para pasar allí los días de Navidad y el lugar estará en mi lista. Dispondré entonces de tiempo y hasta es posible que utilice el cajero para comprar lo que imagino serán céntimos de bitcoin, dado lo astronómico de su cotización. O quizá ya se haya desplomado y compre el doble de lo que hubiese comprado esta semana. Quién sabe.


Con la explosión del fenómeno “bitcoin” desde mediados de 2017, la criptodivisa, aparecida en 2008, reúne los suficientes elementos para ser tomada en serio (desde entonces han surgido cerca de 2.000 criptodivisas) pero su valor de hoy es la simple consecuencia de un fenómeno puramente especulativo. No reviste ni una sola de las tres características exigidas a una moneda: i) No es un modo eficiente de pago: Su procesamiento es caro (3,5$ de media); es lento (puede tardar desde un mínimo de 10-20 minutos hasta 18 horas si hay mucho tráfico en la red);  y está escasamente aceptada. ii)  No es una unidad de cuenta fiable: Su apreciación anima a su atesoramiento y no a su circulación. iii) No es un depósito estable de valor: Con una volatilidad del 95% ha tenido más episodios de depreciación intensos en su breve historia que los principales índices de renta variable desde el final de la IIGM. No hay espacio para más, pero al menos me ha dado la excusa en los 22 años de historia de este comentario, de “colar” un publirreportaje de Vigo, una ciudad hermosa…vista desde el mar.