
En gran parte debemos a lo que en este mismo espacio llamamos el órdago español, el paréntesis que entre otras cosas ha propiciado que el euro volviese a cotizarse a 1,30 dólares. Es algo que en plena crisis de la deuda soberana europea, a comienzos del mes de junio, parecía tan lejos, e incluso más difícil, de lo que hoy parece volver a los 1,18 que teníamos entonces.
Es posible que muchos relacionen esta vuelta a valores que parecían perderse para mucho tiempo, con otros factores. En particular con un cambio de expectativas sobre el crecimiento de la economía norteamericana. También. Pero lo cierto es que lo ocurrido desde entonces ha calado lo suficiente en el ánimo de muchos, como para que algunos, tan importantes como sin duda lo es Goldman Sachs, enviasen una nota a sus clientes el pasado jueves anunciando un cambio en su pronóstico. De los 1.15, 1.15 y 1.25 que pronosticaba a 3, 6 y 12 meses, revisa sus estimaciones a 1.22, 1.35 y 1.38. Es decir, sigue contemplando un periodo a corto plazo con un dólar en recuperación (1.22 frente a los actuales 1.30) fundamentado en las dificultades de la eurozona, pero nos devuelve al viejo escenario de dólar débil argumentado en las dificultades de financiación que impone el déficit de la balanza por cuenta corriente. Argumento clásico entre los clásicos. “Si yo acertase en mis previsiones de ventas como Goldman lo hace con el dólar, hace tiempo que estaría pidiendo a las puertas de Santiago de Vigo” me decía el primer ejecutivo de una empresa viguesa en referencia al cambio de pronóstico y al templo católico más conocido de la ciudad olívica.
Son los problemas de la credibilidad. Recordemos que precisamente GS ha resuelto esta semana sus potenciales problemas con la justicia aceptando el pago de una multa de 550 millones de dólares por algo muy parecido a engañar sus clientes. A compensarles destinará la mitad de ese importe. “Y Goldman Sachs suspiró” titula su crónica el redactor de El País cuando nos cuenta los detalles de la sanción. Aunque el banco norteamericano se ha colado en esta nota, comenzaba la misma refiriéndose indirectamente a los efectos reductores de la incertidumbre que se le supone al anuncio el próximo viernes de los resultados de las llamadas pruebas de esfuerzo del sistema financiero europeo. Sobre este resultado, pero sobre todo, sobre lo creíble que resulte, va a pivotar en gran medida lo que el euro nos ofrezca durante el temido mes de agosto.
No soy muy partidario. Y es que como se demuestra, los bancos son muy ingeniosos. A veces les ponen multas, pero lo normal es que no. Apuesten señores, ¿dónde está la bolita? ¿en unidades no incluidas en la simulación?
Lo siento amigos de GS, pero no os compro la idea.
