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martes, 28 de mayo de 2013

LEY DE EMPRENDEDORES, QUITANDO TRABAS


El viernes, el Consejo de Ministros presentaba el Anteproyecto de Ley de apoyo a los emprendedores y su internacionalización. Reconoce el Gobierno que llega tarde, pero se justifica en la urgencia de otras tareas como el rescate del sistema financiero o atajar el  déficit fiscal. La verdad es que es mejor no entrar en esto para no desvirtuar lo que este  Anteproyecto de Ley propone. Déjeme decir antes que España no va a salir de este agujero sin una reforma en profundidad de la Administración Pública que mejore su eficiencia. No puede ser que con un sistema tributario que tiene los tipos más altos del mundo, tengamos una recaudación entre las más bajas cuando lo medimos en relación  al tamaño de la economía, y sin embargo sigamos gastando como si todo funcionase bien.

En  los conductos del Estado, mucho de nuestro esfuerzo se pierde por el lado de  los ingresos, donde pagan justos por pecadores, y  mucho también se pierde por el lado de los gastos, porque gastamos suponiendo unos ingresos que realmente no tenemos, de modo que esto es una garantía de desequilibrio fiscal para muchos años. Imagínese lo que va a ocurrir ahora después de que Bruselas se haya convertido  en coartada para seguir cambiando las cosas de manera tan exasperantemente lenta.


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lunes, 4 de febrero de 2013

UN GOBIERNO TECNOCRATA


No es la primera vez que tenemos a Italia de pareja de baile. Durante un tiempo bailamos solos, pero ya estamos de nuevo emparejados, y no por buenas razones. Tanto es así que hasta el euro se depreció. Bien es verdad que poco, pero también que esto acaba de empezar. Ayer, quien más o quién menos tenía motivos para vender algo, y más si era español. “No podía llegar en peor momento” dice en su editorial de ayer Financial Times, pero como nadie da puntada sin hilo, y estos menos, el fuego alcanza a Rajoy, igual que en su día apuntaba a Berlusconi, no tanto a Italia. Pero eso es un consuelo limitado, porque no hay crónica que al preguntarse sobre el futuro del Presidente del Gobierno, no haga de paso referencia a la crisis institucional que asola a “casi todas las instituciones”.

Esto no tiene salida fácil. Las agendas de algunos de los principales líderes del PP están siendo canceladas, y la sensación que se percibe es la de un país sin rumbo, y sin alternativa. Una crisis así va a precisar de algún temblor sísmico, y quien sabe si ha llegado el momento de dejar lugar a un gobierno tecnócrata. En esta ocasión la tradicional política del Presidente de esperar a que escampe, podrá contar con el apoyo de algunos líderes europeos, pero va a ser muy difícil de sostener mucho tiempo. ¿Quién va a decir ahora que un incremento de la prima de riesgo no viene a causa de la crisis política?

Mi impresión es que hay mucho más de cobardía y falta de transparencia que de corrupción, pero que duda cabe que la presencia de notables sinvergüenzas lo empomzoña todo. O no hemos tenido suerte, o tenemos lo que merecemos. A elegir.

martes, 9 de octubre de 2012

¿POR QUÉ ESPERA RAJOY?


Hace unos días planteaba una serie de preguntas sin proponer respuestas aparentes, aunque se sugerían. Lo extraño de lo que está ocurriendo con el rescate español da pie a especulaciones, y aunque la agencia Reuters haya errado en su pronóstico acerca de lo inmediato del rescate, no por ello la expectativa del mismo se ha reducido.

A excepción de los alemanes, que se manifiestan falsamente optimistas en cuanto a que España pueda no necesitar la asistencia, e incluso del Ministro de Economía, que pasa en pocos días de pronosticar en el Congreso la imposibilidad de pagar en unos meses las prestaciones sociales si la economía no mejora, a negar en la London School of Economics la necesidad del rescate, nadie informado considera que España pueda evitar tener que acudir a alguna fórmula de ayuda internacional. ¿Por qué entonces el Presidente del Gobierno insiste en que se está estudiando y que ha de ser una decisión meditada? Como se trata de proponer respuestas, y aunque estas eran sugeridas en el propio texto que planteaba las preguntas, puedo intentar dibujar las respuestas de forma más clara. Obviamente no tengo ninguna certeza. Simplemente especulo.

He aquí algunas respuestas: El Gobierno español no está evitando pedir el rescate. Ni siquiera tiene dudas en cuanto a su necesidad por razones evidentes, y es que más allá de que la gestión de Tesoro puede considerarse hasta cierto punto sensata, la generación de déficit obliga a emitir más deuda. Esto implica sobre todo menor solvencia. España verá caer con toda probabilidad su calificación crediticia, y cuando dos agencias retiren la calificación de grado de inversión, ya nadie podrá decir que el asunto del rescate es algo opcional. Si el Gobierno español espera, es por un doble motivo. Por un lado, porque no está seguro de recibir el visto bueno de todos y cada uno de los países de la EZ, y ahí está la experiencia de la exigencia finlandesa de garantías adicionales en el caso del rescate pactado para el sistema financiero. Por otro lado, porque quien determina los tiempos en toda circunstancia es Alemania. Y Alemania, además de asegurarse de que nadie saca los pies del plato y pone patas arriba el euro, tiene que asegurarse de que la aceptación unánime del rescate español es trasladable a los países que pueden ir a la par, siendo Italia el caso más importante. No es un problema de consumo interno alemán, o al menos no fundamentalmente, sino de riesgo de que países como Finlandia u Holanda puedan dar un portazo y evaluar, a diferencia de Alemania, que para ellos el proyecto del euro no es asunto tan fundamental como para asumir la parte alícuota del difícil panorama que promete a los países del sur el ajuste que ellos mismos exigen.

Hay que reconocer que los riesgos de la EZ no acaban en España, y seguramente tampoco en Italia, al margen de pequeños países, y me refiero a Francia. O hay una solución global, o cabe que no exista futuro para el actual euro. En resumen, Alemania está buscando la fórmula que supere el problema español mirando más allá. Ellos decidirán cuando el asunto lo consideran resuelto. Mientras, lo único que puede hacer el Gobierno español es asegurarse por todos los medios posibles de cumplir con el déficit. Sin más aspiración. De otro modo, todo esto tendrá un final inesperado.

El Economista Asimétrico

lunes, 21 de noviembre de 2011

EL DIVIDENDO DEL RIGOR


Ya tenemos resultado electoral. Podemos felicitarnos de haber cumplido sin incidentes con el principal rito de la democracia. Ahora empieza un tiempo nuevo. El Partido Popular tiene lo que había pedido, una mayoría con la que podrá transformar España. Pero para el análisis político no es este el espacio. Un servidor, bastante tiene con lo suyo, con referirme lo económico. 

Decía el saliente Presidente Zapatero en un mitin en Soria el pasado jueves, que la UE y el BCE tenían que dar una solución “inmediata” a los problemas de España. Bueno, realmente hablaba de Europa, pero todos entendíamos que se refería, no a los problemas de Europa sino, a los que provoca a Europa la situación de España. Sin embargo, aunque en Europa y sobre Europa hay mucho que hablar y resolver, la vertiente europea del problema es una de las dos caras de la moneda. Para nosotros, como españoles, la parte fundamental del problema es la que nosotros podemos resolver, de modo que mientras nosotros habremos de trabajar en nuestra parte, en el contenido, dejemos que Europa, y nosotros como parte de Europa, trabajen sobre el continente.

El país que habrá de gobernar Rajoy, es un país zombi en lo económico. Funciona con la inercia que le resta de los momentos en que disfrutó de vida, y desde que empezó la crisis apenas ha tenido arrebatos de actividad a consecuencia de estímulos externos. Primero fue el Plan E. Después la demanda exterior, en su doble vertiente, la exportadora industrial, y la exportadora turística. Todo ello aderezado con un poco de Plan Renove automovilístico, y para de contar. Muy poco en reformas, casi nada en inversión, y bastante en recortes.

Eso significa que el misterioso Rajoy, ese político al que el semanario alemán DER SPIEGEL definía hace unos días como “el hombre al que no le gusta discutir los asuntos hasta que entiende completamente todos los detalles”, tiene mucho trabajo que hacer. Realmente tiene que trasformar el país. Sin embargo, carece de algo que para un Presidente electo, es muy preciado: carece de tiempo. No existen 100 días de cortesía. Cada día que pasa es un día en el que el coste medio de la deuda, en un país con el nivel de deuda (publica y privada) entre los más altos del mundo, sube y sube, consumiendo más recursos de los que podemos generar y nos obliga entonces a hacer más y más recortes hasta límites no respirables, solo para poder igualar gastos corrientes con ingresos corrientes, es decir, para colocar las cuentas públicas en equilibrio en su balance fiscal primario. Con un crecimiento nominal del PIB que apenas supera la inflación y que podemos cifrar entre el 2 y el 3% en el caso más favorable, con un coste medio de la deuda del 3.8% y subiendo a gran velocidad, solo nos salva el tener una deuda pública inferior al promedio europeo. Si esta continua creciendo, nuestras posibilidades de eludir la ayuda internacional, que aun así son bajas, serías nulas. La reforma del sector público, en búsqueda de la estabilidad presupuestaria, será la primera gran actuación que tenga que enfrentar el nuevo gobierno.  

Como consecuencia, la España de Rajoy, lo va a pasar muy mal durante largo tiempo. Uno o dos años como mínimo. Su gobierno va a tener que aplicar una política de recortes como no hemos conocido, una política que va a atender a la reducción al máximo del gasto corriente y a proteger en lo que sea posible la inversión, sobre todo la privada. Un euro de gasto corriente es menos de un euro en PIB. Un euro de inversión, es más de un euro en PIB. Y cada euro, cuenta. Esta será la esencia de la política de Rajoy.
Pero ¿cómo favorecer la inversión? Mediante lo que los economistas denominamos políticas de oferta. Se trata de eliminar impedimentos para que la actividad económica privada florezca. Fuera barreras a los emprendedores, fuera regulaciones que limitan la unidad de mercado, fuera burocracia. Tres son las grandes reformas que el Gobierno Rajoy tendrá que abordar: la del sector financiero, la del sector público y la del mercado de trabajo. La del sector público es de las tres la que puede dar resultados más a corto plazo, pero también la que más notarán los ciudadanos. Una política de estabilidad presupuestaria es hoy básicamente una política de recorte del gasto público, pero que no puede conformarse con eliminar el gasto más o menos suntuario, sino que tendrá que llegar hasta la propia organización del Estado, en particular en lo que atañe a la administración local y autonómica, que supone el 50% del gasto público. Ordenar el gasto reportará inconvenientes. Se traducirá inmediatamente en una caída de empleo público y de la actividad económica. Pero tendrá como consecuencia liberar recursos para la economía privada. Nuestros acreedores asumirán que al ser más austeros, mejoraremos nuestra capacidad de repago, y las ventas de deuda pública española que ahora amenazan con arrojarnos del mercado, podrán moderarse, y eso permitirá bajar la cuenta a pagar en intereses. Será algo parecido al dividendo del rigor. 

Junto a la reforma del sector público, la reforma del sistema financiero. Ha hecho mucho hincapié el PP en la necesidad de finalizar con carácter de urgencia la reforma del sector financiero. No depende de la voluntad de un gobierno el que el sector financiero reanude una política crediticia que ahora está congelada. De hecho, la crisis española, como la de otros países en nuestra situación, es consecuencia del exceso de endeudamiento, de modo que no cabe esperar que sea a través del crédito la forma en la que se recupere la inversión que habrá de favorecer la creación de empleo. Sin embargo, la sospecha que pesa sobre los balances del sector financiero y por lo tanto sobre su solvencia, exigen de una política de trasparencia basada no en la flagelación, sino en la transparencia. No necesitamos ser más solventes que nadie. Necesitamos ser igual de creíbles. No será mediante un crecimiento del crédito como se recuperará la economía, pero tiene que estar el sistema financiero en disposición de sumarse a un circulo virtuoso que liderado por el sector público, permita liberar recursos para el sector privado y al que se sume lo antes posible el sector financiero. La reforma laboral, tiene un papel sustancial. El ahorro se convertirá en inversión y la inversión en empleo si el mercado de trabajo se moderniza para adecuarse a la globalización. Un mercado de trabajo regulado de forma eficiente puede disminuir la tasa de desempleo entre cuatro y cinco puntos. Esa diferencia situaría a España en una posición absolutamente distinta a la que tenemos en este momento.

En resumen, el nuevo gobierno tiene una enorme tarea que abordar. La confianza que necesita para revertir el círculo vicioso en virtuoso no la va a encontrar gratis, va a tener que ganársela. Tendrá que empezar por lo más doloroso, pero tiene la obligación de acertar en los recortes. España tiene que mantener la libertad de gestionar su propia salida de la crisis, y evitar caer en la intervención. Estamos al límite, y eso exige el esfuerzo de toda la sociedad. Bien repartido, efectuado de forma ordenada y atendiendo al bien general, tiene que ser suficiente. El tiempo para hacerlo acaba de comenzar.